Cultura

El yo más visceral de Fernando Hurtado

  • El bailarín celebró sus 50 años con una arriesgada coreografía en el Cervantes

Entra en escena un bailarín desprovisto de vestuario casi, con un slip blanco y unos calcetines a juego. Danza frente a tres espejos, en los que se reflejan sus movimientos y también la marca propia de la existencia, de la edad, mientras ondea sutilmente su melena cana. La contemporánea propuesta coreográfica, arriesgada por momentos, que presentó Fernando Hurtado (Málaga, 1966) este martes en un Teatro Cervantes casi vacío -¡Y luego se preguntarán porqué los artistas se esfuman de aquí!-adquirió todo el sentido en cuanto el bailarín gritó, paró en seco y volvió a danzar, demostrando así su valía como artista, pero también como humano al hablar con el público sobre inquietudes vitales momentos después.

El malagueño celebraba así sus 50 años de vida, recién cumplidos este verano, y los tres lustros al frente de su compañía de baile. Lo hizo con Confesiones de un primate en el Km 0, una moderna coreografía ideada por su compañero de profesión Francisco Centeno, donde se observó en todo momento a un Fernando en comunicación con el cuerpo y el público. Durante los sesenta minutos que duró la obra, Hurtado puso en jaque su cuerpo mientras sonaban piezas de Antonio Meliveo. Aquel canto a la ductilidad del cuerpo en calzoncillos, un hedonista viaje por su experiencia personal y profesional, se acompañó de sonidos futuristas, tribales y operísticos, que fueron desfilando uno a uno a medida que el coreógrafo local se iba vistiendo y desvistiendo sin pudor o hablándole a los espectadores.

"La represión es una jaula. No es nada fácil quitarse la careta. He decidido confesarles mis secretos. Es un secreto de vida -se escucha las manecillas de reloj-. Os lo voy a comunicar aquí y no por correo o redes sociales. Lo voy gritar, vomitar [...] Mi secreto es... -Se come un plátano- . ¿Me están escuchando?", preguntó al público segundos antes de exhibirse y exhibir la plasticidad de la danza contemporánea. El artista jugaba tan sólo con su cuerpo, una luz, reveladora en cada uno de los actos, y la sobria escenografía.

"Nunca más volveré a correr por un espejismo. Nunca más viviré la vida de otros [...] Creo que soy buena persona, menos cuando duermo. Soy agnóstico y rezo en los aviones. No consumo drogas, pero las echó de menos -mientras, el bailarín se desnuda-. Creo en el amor a primer a vista, aunque soy miope [..] Por eso creo que como se vive, se muere", concluyó. Las luces se apagaron. El malagueño no sólo vive, también respira, mastica, piensa, habla, escupe, jadea, se mueve, baila, es todo lo que fue, es y será -o lo que no- en su nuevo espectáculo. El yo más visceral de Fernando Hurtado.

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