Análisis

Fernando faces

San Telmo Business School

La OPEP complica la vida a los bancos centrales

El inesperado anuncio de la OPEP de reducir la producción de petróleo en 1,1 millones de barriles diarios, que sumados a los 500.000 barriles diarios de Rusia alcanzan la cifra de 1,6 millones de barriles diarios, disparó el precio del petróleo un 8,5% hasta los 85 dólares el barril de Brent. El consenso de los analistas augura que el precio del petróleo podría alcanzar los 100 dólares el barril a finales de 2023, con un notable impacto en la inflación general. Lo cual complica la ya compleja tarea de los bancos centrales que dudan entre seguir subiendo los tipos de interés, hacer una pausa en la subida o iniciar el descenso; ante el dilema de priorizar la reducción de una inflación subyacente indomable o las turbulencias financieras por la reciente inestabilidad del sistema bancario. Los consejos de gobierno de los bancos centrales están divididos entre los halcones que opinan que hay que continuar con las subidas de los tipos de interés hasta que la pegajosa inflación subyacente inicie su convergencia y las expectativas de inflación estén ancladas en torno al 2% a medio plazo, y las palomas qué defienden que la inflación general ya da claras muestras de vuelta a la normalidad en un contexto de desaceleración económica y riesgo de recesión, agravada por la reciente crisis bancaria.

El anunciado del recorte de 1,6 millones de barriles diarios, en un contexto de bajas reservas por la reciente crisis energética, provocará más escasez , aumento de los precios de la energía y los combustibles y en definitiva de la inflación. España tiene reservas para 105 días, por encima de la media europea. El previsible incremento de la demanda China de petróleo tras el fin de los confinamientos y la reactivación económica prevista del PIB hasta el 5,5%, augura una mayor presión sobre los precios de la energía y una mayor inflación. Lo cual aconseja mantener la subida de los tipos de interés durante el primer semestre de 2023, más moderada, o hacer una pausa hasta que se conozca el impacto sobre los precios.

Algunos argumentan la necesidad de hacer una pausa en la subida de tipos de interés para seguir los datos de evolución de la actividad económica y de la inflación, habida cuenta del retraso que tiene el impacto de la política monetaria sobre la actividad real. La crisis bancaria tendrá nuevos episodios de turbulencias financieras qué reducirán la oferta de crédito y endurecerán las condiciones financieras para las familias y las empresas. Lo cual deprimirá el consumo, la inversión y la inflación. De alguna manera, argumentan, la crisis bancaria hará parte del trabajo de los bancos centrales evitándoles subir excesivamente los tipos de interés. El último informe del BCE afirma que la demanda y oferta de crédito en la Eurozona ha empezado a descender en el primer trimestre de 2023.

En España, en el primer trimestre, el crédito al consumo, las hipotecas y la financiación empresarial han descendido un 17,5%. En parte como consecuencia del encarecimiento de la financiación por las subidas de tipos de interés y en parte por el mayor rigor en los requisitos para la concesión de crédito. Compleja tarea.

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