Tras haber sido anunciado por el puerto de Málaga con casi dos semanas de antelación, el pasado jueves atracaba en el muelle número uno el velero Atyla. Adscrito a una Fundación que lleva el nombre del barco, esta goleta de dos mástiles, victoriosa en mil y una aventuras en la mar y con una muy interesante historia, participa de una curiosa circunstancia que hoy les contaré.

Construido entre las localidades de Vinuesa en Soria y las vizcaínas de Lekeito y Bilbao, este velero de 31 metros de eslora botado el 15 de mayo de 1984, tras navegar con varios nombres era rebautizado como Atyla en 2013. Convertido en la seña de identidad de una Fundación registrada en 2017, este barco, desde entonces realiza itinerarios nacionales e internacionales con la pretensión de que el que se embarque en estas aventuras pueda mejorar ocho habilidades sociales: comunicación intercultural, inteligencia emocional, pensamiento crítico, trabajo en equipo, liderazgo, responsabilidad, coraje y resiliencia. Con estos curiosos objetivos que se trabajan en largas navegaciones, el Atyla, con su vistoso casco de color rojo, además está disponible para todo tipo de eventos, cortas navegaciones y festivales marítimos.

Disponiendo, la Fundación barco Atyla, de un fondo de becas para que personas con pocos recursos puedan participar en los viajes que realiza este barco, nuestro protagonista de hoy que tiene su base en el Museo Marítimo de Bilbao, participa de una peculiar circunstancia; algo que pasa por estar abanderado en la República de Vanuatu, un país insular en el Pacífico a algo más de 17.000 kilómetros de España.

Y si bien esta singularidad está explicada en la página web de esta Fundación que reseña que la bandera española no permite que un velero como Atyla navegue fuera de aguas nacionales con personas que no sean marineros profesionales, sin estudios de marinería, y la legislación de Vanuatu sí permite estas navegaciones sin limitaciones, la goleta Atyla, con una tripulación de cinco marinos y con capacidad para embarcar a 24 personas en largas singladuras, aun estando inscrita en el Registro de Fundaciones españolas navega bajo el pabellón de Vanuatu. Curioso ¿no les parece?

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