Análisis

Alicia Coronil Jónsson

Volatilidad y previsiones a la baja

Tras un comienzo de 2023 marcado por la revisión al alza de las previsiones de crecimiento a nivel global, las nuevas incertidumbres surgidas entorno al sistema financiero tras la crisis del Silicon Valley Bank en EEUU y de Credit Suisse en Europa anticipan la revisión a la baja de las perspectivas económicas en los próximos meses. En este sentido, especialmente a partir del 4T aumenta la probabilidad de un mayor deterioro de la actividad no sólo por el impacto de las tensiones inflacionistas y del endurecimiento de las condiciones financieras, sino también por las implicaciones sobre el consumo y la inversión del nuevo ciclo de restricción al crédito. Todo ello en una coyuntura marcada por la volatilidad y la falta de visibilidad sobre la evolución de la crisis energética, la guerra de Ucrania o de las crecientes tensiones geopolítica entre EEUU y China.

En este contexto, el Fondo Monetario Internacional ha rebajado el avance del PIB de este año hasta un 2,8% anual y a un 3,0% el de 2024. Unas previsiones que mantienen un tono optimista al darle el organismo internacional un mayor peso a la relajación de los precios de la energía y su efecto positivo sobre la actividad en la Eurozona, y a la recuperación de la actividad de China sobre los riesgos surgidos entorno a la evolución de la estabilidad financiera. En este sentido, la economía real debe adaptarse al mayor endurecimiento de las condiciones financieras registrado en las últimas décadas y a un nuevo ciclo de restricción del crédito en una coyuntura marcada por elevados niveles de endeudamiento, la existencia de empresas consideradas zombis antes de la pandemia y reducidos avances de la productividad. De ahí que no hay que descartar un mayor deterioro de las perspectivas económicas a partir de la segunda parte del año.

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