Cuando un barco entra en puerto, si se fijan, verán izadas en su mástil algunas banderas. Dejando a un lado la insignia de la naviera propietaria del buque o en su caso la de la compañía que lo tiene fletado, la bandera del país en el que está, la llamada de cortesía, sería otro de los pabellones que se pueden apreciar; unas banderas que normalmente se mantienen durante la toda la estancia del buque en puerto.

Pero con independencia de estas insignias que pueden o no estar presentes y que, atendiendo a determinados criterios se izan o no, existen otras dos banderas que de una forma obligatoria deben estar en los mástiles de todos los barcos que entran en cualquier puerto del mundo. Pormenorizando sobre estas, les diré que la primera de ellas es la denominada de sanidad; un pabellón de color amarillo que indica que el barco está libre de cualquier tipo de enfermedad. La segunda de ellas es la de práctico a bordo; una bandera bicolor blanca en su interior y roja en su extremo inferior.

Reseñadas estas particularidades y con el añadido que ambas insignias se quitan cuando el buque está atracado y sólo se iza la de práctico a bordo cuando el barco sale de puerto, hoy les contaré una curiosidad que se pudo ver en las aguas malacitanas hace muy pocos días.

Inmerso en su viaje inaugural y tras haber realizado una breve escala técnica en Málaga unos días antes, el buque de crucero Scenic Eclipse 2 cumplimentaba su primer atraque malagueño con pasajeros. Mostrando sus 168 metros junto al Palmeral de las Sorpresas, este barco calificado como un super yate de expedición de gran lujo, llegaba a la espera de su bautismo oficial; una ceremonia que se celebrará en el puerto de Málaga a principios de junio. Sin mostrar ni la bandera de la compañía ni la española de cortesía durante su larga escala con pernocta incluida, a su salida, este buque tampoco izó la obligatoria de práctico a bordo; una circunstancia que me hace suponer, ya que no vi su entrada, que a su llegada no puso ni la sanitaria ni la de práctico.

Una simple curiosidad sobre banderas. Un asunto que para los más ortodoxos sí tendría su importancia, mientras que, para otros, visto lo visto carece de ella.

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