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La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Aculados en las tablas de SAn Telmo

Así han tratado finalmente el asunto quienes llevan un tiempo haciéndose pasar por defensores de la Fiesta. Tururú. En el Palacio San Telmo se han quedado aculados como los toros mansos a la hora de defender el espectáculo. Por supuesto que no se puede negar la pandemia, ¡cómo habría de negarse!, pero sí denunciar la falta de liderazgo en el debate, cosa que no se ha visto ni en varias comunidades gobernadas por el PSOE, ni por supuesto en Madrid. A algunos sólo les han interesado los toros para no perder votos en favor de Vox. Nada más. No ha habido valentía ni disposición, al menos para centrar el asunto, gestionarlo y ofrecer un criterio claro desde el principio. ¿Qué chorrada ha sido esa de elevar una consulta al consejo interterritorial para que interpretara un artículo de la norma? Ha sido la prueba evidente de que el asunto molestaba, era espinoso y más incómodo que una banderilla mal clavada en los cuartos traseros. En San Telmo se han puesto descaradamente de perfil. Ni un intento siquiera de apostar por comenzar a convivir con el virus allí donde es posible (un recinto controlable y al aire libre como es una plaza de toros), mientras en otros lugares de Andalucía se juega al tenis con público y llegan los trenes de alta velocidad hasta la corcha de pasajeros. La verdad es que hacía falta más valentía y... menos chulería. Uno se queda con la impresión de que el presidente está más solo de la cuenta, le falla la cuadrilla como cuando un obispo tiene una curia que le da más dolores de cabeza que soluciones. Al neomoderado Moreno se la han jugado en una cuestión que requería de otro estilo. La consulta a Madrid ha sido bochornosa, mediocre, tacticista, pusilánime y absurda, un movimiento que compendia lo peor de la política actual. Si usted es gobernante y tiene la convicción de que no debe haber toros, lo que tiene que hacer es decidir, apostar y asumir las consecuencias. Este virus, por desgracia, va para largo. Y allí donde se pueda hacer la vida medianamente normal, se debe hacer con cabeza y, por supuesto, dentro de la ley. La gestión con los colegios, por ejemplo, ha sido y está siendo notable. ¡Si hasta van a estar los bares cerrados a las ocho de la tarde, por lo que no habría ni las mínimas concentraciones posteriores al festejo! El Gobierno ha estado timorato, gris, tibio y asustadizo. ¡Si se amilanan con los hosteleros! Algunos aman la fiesta de boquilla, con ojana y para hacerse fotos delante de un eralito en una finca, en vez de trabajar para que la Tauromaquia tenga el mismo trato que otras industrias culturales. Esos mismos no deben pisar más un callejón para hacerse la foto. Si tienen vergüenza, claro.

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