La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Cambios de perspectiva

Entrar y salir de aquí es la clave para no ahogarse en la molicie cansina

Desde una terraza en pleno San Juan de Dios, con café, buena compañía y mejores vistas de las cúpulas de San Jerónimo o la basílica, la vida parece que se apacigua y te regala un tiempo de aliento.

Visto desde esta altura repleta de tejados y cielo azul-septiembre, el horizonte de la ciudad se me representa renacentista y cristiano, como era Nueva Roma que soñó Carlos V cuando imaginó nuestra Granada como capital de su imperio sin ocaso y pleno.

Sí. Va uno cambiando de punto de vista sobre la ciudad por el paso de los años claro, pero también de las épocas en que la miras. Quizás el inmóvil letargo de la ciudad tenga su ventaja, si la hubiera, en que sabes bien que esta Ítaca andaluza siempre se parece a sí misma por su vocación de obra de arte inmóbil y que si la ves distinta es que eres tú el que se transforma. Esto anima a emprender nuevas odiseas viajeras o vitales a sabiendas de que el camino de regreso siempre está expedito.

Miré durante unos años la ciudad afrancesada que tuvimos y ahora voy virando hacia lo que de italiano atesora. Y es mucho, claro. Aquí hubo una explosión de Renacimiento, para luego quedar en nada, claro, que es lo habitual en Granada, una ciudad que es también un estado del alma cuando se aletarga y sólo mira.

Lo italiano lo escucho y lo veo por todos lados. Hay mucho también vivo visitándonos por unos días o incluso habitando entre nosotros. Mi amigo Marco Vignone me lo confiesa desde su amado Molise, esa tierra 'esconosciuta' que un día descubriré con él o con la gran investigadora (prototurinesa) Lorena Marín, la caravaqueña y ya granadina adoptiva en tiempo récord que alegra las calles de la ciudad aligerándolas de maldades y olvidos.

Vendrán alegrías renovadas en esta vuelta de tuerca a la Italiana, con ritmos de Dolce Vita y sones del Azzurro de Celentano, con tierras por ver y abrazos que dar en Pantelleria, Nápoles, Vallelcorsa o Gaviano por citar algunos de los rincones a dejar fijos/indelebles con el encuentro de los amigos que allí esperan.

Entrar y salir de aquí es la clave para no ahogarse en la molicie cansina, no desfallecer en el empeño de lograr un sueño a base de soñar en serio y encontrar motivos para seguir escribiendo que es seguir queriendo que es seguir viviendo desde cualquier perspectiva.

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