Carta a los Reyes Magos: los regalos de verdad que necesita un niño
¿Cocaína y heroína terapéuticas?
DESDE hacía dos años, Rafa estaba en tratamiento por su adicción a las drogas, y con las alternativas normales en su evolución. Su vida se encontraba limitada a buscarse la vida para conseguir la dosis y, en los esporádicos periodos de abstinencia en los que apenas salía de su casa, su madre Carmen, a la que profesaba un profundo y sincero cariño, respeto y devoción, era toda su familia; en las terapias siempre repetía que ella era la única razón que le animaba para abandonar la droga, aunque no dejaba de ser una declaración de intenciones.
Por unas molestias gástricas, Carmen tuvo que someterse a unas pruebas y le diagnosticaron un cáncer de páncreas en periodo avanzado y con un tiempo muy limitado de vida. La noticia dejó a Rafa grogui y desorientado. Los primeros tiempos siempre la acompañaba a las revisiones e incluso la convenció para que consultara a otros médicos que sólo hicieron confirmar el diagnóstico y pronóstico. Las visitas a la clínica del dolor se hicieron frecuentes y los tratamientos de sedantes, hipnóticos, analgésicos y antidepresivos ocuparon tiempo y preocupaciones. El insomnio se consolidó y, asociado a ansiedades y miedos, desencadenaron dolores y sufrimientos que los fármacos apenas podían superar.
Rafa vivía su calvario particular rumiando un sentimiento de culpabilidad que a la vez lo manipulaba y utilizaba para justificar su consumo de drogas. Una tarde, su madre presentó un cuadro de náuseas, vómitos y dolores intensos y fue ingresada en el hospital. Precisamente esa noche, él la pasó somnoliento e ido, acurrucado en un portal bajo los efectos de la droga. Cuando de mañana llegó a casa y no encontró a nadie, tuvo un episodio de desesperación y angustia pues pensaba que su madre había muerto. Una vecina le informó de lo sucedido y como un zombi se fue al hospital; cuando la vio en la cama, en un estado de especial postración y con mascarilla de oxígeno y sueros en los brazos, se puso de rodilla, y gimiendo y llorando estuvo hasta que una enfermera le ayudó a levantarse.
Pasó unos días con la mente oscurecida: no soportaba el pensamiento de haber dejado tirada a su madre; algo se quebró en su interior, y como el amor no soporta la espera, decidió de manera inmediata y fulminante abandonar la droga y dedicar su vida y todas sus fuerzas a cuidar a lo único que quería y que le ofrecía sentido a su existencia: su madre. De manera progresiva y rápida, la relación con ella adquirió otra dimensión y aunque todo parecía igual, él sabía en su interior, que la cosa era diferente, y su vida empezó a tener otras luces y otras positividades, y comenzó a disfrutar de episodios de paz, tranquilidad y alegrías que jamás había experimentado.
Claro que los dolores se hicieron cada vez más intensos y resistentes a los fármacos, lo que desesperaba a Rafa, que no soportaba ver a su madre sufriendo, a pesar de la manera tan magistral con la que Carmen disimulaba el asunto. Después de un tiempo de confusión, Rafa me hizo esta sugerencia: "Doctor, ¿por qué no darle a mi madre el revuelto (heroína con cocaína), pues a mí me quita los dolores y me hace pasar un buen rato?". Sé que mi primera y más importante misión es aliviar el sufrir humano con cualquier sustancia que lo consiga y que no provoque más inconvenientes de los que se pretenden evitar, y esto con independencia de las consideraciones morales, éticas o legales que al ser accidentales y circunstanciales son siempre de un rango inferior. Así que acepté la idea y asumí el seguimiento para ir valorando y controlando dosis, frecuencia, efectos y consecuencias del consumo de esas drogas por Carmen; Rafa, con sus trapicheos, se encargaba de que la dosis de revuelto no faltara.
Y esta plena dedicación para que su madre estuviera lo mejor posible, consolidó y fortaleció una intensa relación afectiva entre dos personas que empezaron a vivir destellos de felicidad. La realidad es que el camello terapéutico en que se convirtió Rafa logró que las últimas semanas de la vida de Carmen fueran de una calidad de vida digna y gratificante, y en que el amor hipotecó sombras y sufrimientos condicionado un último periodo existencial singularmente positivo y edificante.
Actualmente Rafa ha vuelto al consumo y sigue en tratamiento.
El problema de las drogodependencias no se encuentra en las drogas sino en la persona, que es la que tiene la capacidad, con una correcta utilización, de convertir el veneno en remedio.
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