Sine die

Cristo caminó hasta Éboli

No hay que salir de la ciudad para ver barrios deprimentes en los que no parece haber solución

Carlo Levi, nació en el seno de una familia acomodada de Turín, ciudad en la que estudió Medicina, sin dejar de lado sus inquietudes pictóricas y literarias. Más adelante, debido a su activismo político, fue detenido en varias ocasiones por los gobiernos de Mussolini, hasta que finalmente fue desterrado a Lucania, al sur de Italia, concretamente a un pequeño pueblo en el que no debería ejercer. La llegada de Levi a la región ahora conocida como Basilicata supuso un duro choque para él, mucho más allá del simple destierro. Rápidamente pudo comprobar las grandes diferencias existentes entre el rico norte italiano y el deprimido sur, de los grandes hospitales y centros asistenciales de Milán o Turín a la nula asistencia médica y social de la parte inferior de la península. Apenas un médico, adocenado y sin medios, a varios kilómetros de distancia que había que recorrer a pie o en caballerías, servía de atención a los campesinos. Los lugareños mismos le explicaban a su manera que en aquellas tierras no vivían como cristianos.

El abandono social, la pobreza y las calamidades, pronto hicieron que Levi comenzara a ejercer de forma un tanto encubierta y desinteresada. Fruto de su destierro, aparte de una interesante obra pictórica que se puede observar en una pequeña casa museo, surgió su novela Cristo se detuvo en Éboli. En ella desgrana toda la miseria, la injusticia y el abandono social al que estaba sometida tan deprimida región que se consideraba olvidada por Cristo.

Éboli lo tenemos en Andalucía. No hay que salir de la ciudad para ver barrios deprimentes en los que no parece haber solución o, al menos, los que deben buscarla fracasan desde hace décadas. Las estadísticas de paro, drogadicción, corrupción, incultura y pobreza están tan asentadas que no será fácil indudablemente erradicarlas de forma rápida, pero sí debería llegar un punto de inflexión en el que se rectificasen medidas que están demostrando que son poco más que declaraciones y proyectos nunca llevados a término. La salida del Señor del Gran Poder hacia tres de estos barrios debe servir como una llamada de atención de que lo que se necesita, aparte de dinero y proyectos inacabados, es un cambio de mentalidad y, sobre todo, educacional. No debe quedar en un gesto. Cristo no se ha detenido, sino que ha cargado su cruz y ha emprendido camino a Éboli, en busca de los más necesitados.

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