Desigualdades

09 de septiembre 2023 - 00:00

Cuando la cuestión territorial se sitúa en el centro de la confrontación política, como ocurre ahora, la palabra igualdad reaparece en el discurso de la derecha política-mediática. Una apropiación nominal de una de las señas de identidad del progresismo. Es, claro está, un asunto central ya que la progresiva desigualdad amenaza con destruir nuestro capital social. La desigualdad territorial es un grave problema, pero no conviene perder de vista que el origen de la desigualdad social y económica no está en el territorio sino en la cuna. No obstante, resulta ciertamente preocupante que en momentos en los que, como sucede ahora, los nacionalismos tienen la llave de la investidura, las inevitables contraprestaciones favorecerán a sus respectivas comunidades, deteriorando los mecanismos de redistribución. Por ejemplo, Aznar pactó con CIU la ampliación al 15% de cesión del IRPF a las CCAA, un acuerdo que, si bien se aplicaría en todos los territorios, favorecía claramente a las comunidades más ricas, como Cataluña o Madrid, en las que el mismo porcentaje de recaudación supone ingresos muy superiores a los que puedan recaudar las comunidades de menor nivel de renta. Pero el problema no lo sufren los territorios, sino las personas que lo habitan. La desigualdad social, la que se mide con el coeficiente GINI, nos indica que España es el país más desigual entre los países de renta alta de la UE. Una de sus principales causas es la menor capacidad redistributiva del sistema de impuestos y de prestaciones sociales, según el informe sobre desigualdad social de la Fundación la causa. De lo que se deduce que, no es con promesas de bajadas masivas de impuesto, la mejor forma de combatir las desigualdades de cualquier naturaleza. Es una enorme contradicción que, CCAA que eliminan sus tributos, clamen contra al gobierno por considerar, probablemente con razón, que están infra financiadas. Una situación que contribuye a otro factor de desigualdad, el deterioro de los servicios públicos. Pero ¿de dónde saldrán esos incrementos de transferencias, sino de los ingresos del Estado vía impuestos o de endeudamiento? Y todo mientras se pretende impregnar la infraestructura moral y política de la sociedad de ideologías contrarias a la intervención del Estado como corrector de desigualdades. Ahora se clama por la igualdad territorial, al menos, mientras no tengan la posibilidad de negociar con el nacionalismo la investidura de Feijóo.

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