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Elcano en Sanlúcar

Pigaffeta quiso embarcarse por conocer "las grandes y extraordinarias cosas que había en el mar Océano"

Después de circundar el globo, padeciendo innúmeras privaciones y amarguras, Elcano y sus hombres llegan a la bahía de Sanlúcar el día sábado 6 de septiembre de 1522 -ayer hizo medio milenio- con una sola embarcación, de las cinco que salieron, y con una famélica y menguada tropa, que ascendía a dieciocho tripulantes. Aún sin bajarse del barco, tras dos años de viaje, Elcano escribirá al césar Carlos para dar noticia de su hazaña y rogar tanto la liberación de sus trece compañeros apresados por Portugal, como un modesto porcentaje de la carga (jengibre, nuez moscada, pimienta, sándalo...), para sus fatigados acompañantes. A lo cual añade el capitán, "y más sabrá V. M. de aquello que más debemos estimar y tener es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo". Vale decir, la desnuda gloria del conocimiento.

Carpentier, en los 60, utilizaba las cartas de Hernán Cortés a Carlos V para explicar su teoría de "lo real maravilloso". Y ello por la razón elemental de que Cortés expresaba allí su incapacidad para nombrar, con el ceñido idioma de la metrópoli, la maravilla colosal del Nuevo Mundo. De la hazaña de Magallanes/Elcano tenemos noticia por varias fuentes, pero solo por Antonio Pigaffeta, vicentino, sabemos de la accidentada totalidad del viaje. Recordemos que Pigaffeta, caballero de Rodas, quiso embarcarse, no por necesidad, sino por conocer "las grandes y extraordinarias cosas que había en el mar Océano, y determiné asegurarme por mis propios ojos". Lo cual es una prueba más de la naturaleza práctica, de la voluntad testimonial y el genio inductivo del Renacimiento. Es en Pigaffeta donde tenemos noticia de los gigantes patagones, asunto este que llegaría hasta las discusiones eruditas del Setecientos. Y es también en él donde encontramos una sencilla idea de pureza, cuando describe un encuentro, no muy amistoso, con unos isleños: "Por lo maravillados y sorprendidos que quedaron al vernos, estos ladrones creían, sin duda, ser los únicos habitantes del mundo".

Pero es la propia idea de mundo, ahora perimetrado por Elcano, la que se está formulando ahí. Un mundo que podía consignarse geométricamente, gracias a Piero della Francesca, muerto el 12 de octubre de 1492, mientras Colón llegaba a América. Pero un mundo, en mayor modo ("Colón pasó los godos / al ignorado cerco de esta bola" escribe Quevedo), cuyas maravillas eran unas maravillas terrestres, aromáticas, táctiles, y donde gentes como Magallanes y Elcano establecieron, por primera vez, la verídica medida del hombre.

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