En tránsito

Equilibrismo

Sánchez hace equilibrismo en la cuerda floja cuando intenta gobernar un país en bancarrota sin más base parlamentaria

En la mañana del 7 de agosto de 1974, el equilibrista Philippe Petit fue caminando ocho veces sobre un cable que unía los dos edificios de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, a la altura del piso 110 (como es natural, faltaban 27 años para que esas torres fueran destruidas por los atentados terroristas del 11-S). De aquel "crimen artístico" -Petit lo definió así- quedan algunas fotos y el documental Man on Wire, rodado muchos años después por James Marsh. Petit, que también era mimo y bailarín y malabarista, se había propuesto llevar a cabo un "golpe de efecto" y realizar el "crimen artístico más importante del siglo XX". Si lo logró o no, nadie lo sabe. El músico Stockhausen adjudicaba ese logro artístico a los terroristas que empotraron los aviones contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

No sé si la gente se ha dado cuenta, pero cuando se habla de la compleja psicología de Pedro Sánchez -con su narcisismo incontrolable o su irrefrenable tentación cesarista-, habría que introducir un elemento nuevo que podríamos denominar "el síndrome de Petit". Porque lo que se propone Sánchez, cuando intenta gobernar un país que está prácticamente en bancarrota sin más apoyos parlamentarios que los mismos que respaldaron su heterogénea moción de censura, se parece mucho a la obsesión de Philippe Petit por cruzar las Torres Gemelas sobre una cuerda floja. En estos momentos, el presidente del Gobierno se propone pactar con Bildu, Podemos, los independentistas catalanes, el PNV o el único diputado de Teruel Existe los Presupuestos Generales de un país abocado al abismo y que encima tiene que recibir el rescate pactado con la Unión Europea. Si eso no es caminar sobre el alambre a la altura del piso 110, que venga Dios y lo vea.

La situación que se ha encontrado este Gobierno con la crisis del Covid es endiablada. Y estoy seguro de que otro Gobierno -del signo que fuera- habría cometido los mismos errores o habría incurrido en las mismas contradicciones. Eso es evidente. Pero el empecinamiento de Pedro Sánchez en llegar al final de la legislatura con los mismos apoyos parlamentarios parece un delirio psiquiátrico. A no ser que Sánchez, como el equilibrista Petit, se proponga realizar una hazaña única en la historia del funambulismo. Con todos nosotros en la cuerda floja, claro.

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