Carta a los Reyes Magos: los regalos de verdad que necesita un niño
Con Feijóo tengo algo personal
Como diría el gallego Feijóo, con su discurso de investidura ‘cortóuseme la mexa’ poética
Hasta el martes, mis diferencias con Feijóo eran preferentemente políticas. Con Aznar y González, dos tipos mendaces, dueños de almas de destrucción masiva, sí que tengo algo personal. Uno, con engaños, nos metió en la OTAN; a eso se debe –sépase– que estemos hoy en una guerra no declarada con Rusia, y con algún misil nuclear apuntando a mi pueblo y a toda la ribera del Genil. El otro, con la mentira de que Irak tenía armas de destrucción masiva, nos metió en una guerra, en la que no se nos había perdido nada, para conseguir plantar sus zapatos en la misma mesa que Bush. Una guerra que ha desestabilizado al Próximo Oriente y que se cobró cientos de miles de vidas, inmoladas en el altar de una benéfica democracia de mercachifles y depredadores petroleros. Sí, contra estos dos tipos, tengo algo personal. Cuando los veo marcando rutas y líneas rojas, endiosados y ridículos, se me alborotan los adentros. Ni el Primperan los calma. Con Rajoy o con Zapatero, he tenido cabreos puntuales; y con Sánchez, una desconfianza insuperable. Pero lo que tengo ahora con Feijóo es, asimismo, muy personal, aunque quizá se deba a una tergiversación de aquello de Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. A mí, me había venido la inspiración segundos antes de que Feijóo comenzara su discurso. Estaba trabajando un poema y tenía escrito un verso imprescindible –“De la vida, solo puse redes para el amor”–; sería el primer verso del cuarto poema de mis obras completas. El último, inspiradísimo, lo escribí viendo como el agua que mana de Fuente Grande, a escasos metros de donde asesinaron a Federico García Lorca, se pierde por el cauce oculto de la acequia de Aynadamar: “El misterio del agua que se esconde / y le hurga a la Tierra sus secretos, / allí donde no alcanza la mirada”, escribí entonces. Pensé, equivocadamente, que podría sacar para adelante tanto el poema como la redacción de la columna que iba a dedicar al discurso del candidato. Al fin y al cabo, tanto el poema como este artículo, me exigían esfuerzo y trabajo, como quería Picasso. Pero, como diría un gallego, fue empezar la perorata de Feijóo y cortóuseme la mexa. Y no fui capaz de escribir ni un verso más. Sí, entre este tipo y yo, ahora hay algo personal. Porque mis obras vuelven a estar incompletas.
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