Ignacio del Valle

Gastrosofía y mánfanos

No exagero al afirmar que he estado en banquetes nupciales menos rumbosos

En Cenacheriland suceden cosas prodigiosas. Permítame que le narre un suceso extraordinario en el entorno del gañote vil canapero a pedir de boca invitada. La presentación del libro "Gastrosofía y otros muchos mánfanos y tráfagos", en el templo de Gorki de calle Strachan donde el autor Fernando Huidobro Rein reunió a mesa, mantel y micro a toda la comanda de la cofradía del buen yantar para contarlo. Lo singular de este evento es que el escritor alias "Huy de Malcocinado" muy conocido, incluso fuera de su casa a la hora de degustar, en vez de hablar de su libro como es de umbralesco menester, convidó a la feligresía a un festival de ibéricos pata negra, regados con espumosas alegrías en copa. De tal milagrera manera que, a lo bodas de Canaán, convirtió una tarde de un muy empinado enero neotieso en un brillante colofón a los ecos y lorzas navideñas. No exagero al afirmar que he estado en banquetes nupciales menos rumbosos. Pero, la sorpresa o el regalo de nuestro gourmet ha sido leer las páginas de este ejemplar editado con y por El Desvelo. Es recomendable acercarse a las 274 páginas con ilustraciones de José Luis Bravo, más menú indiciario, libre de hambruna. Funciona el artefacto salivador como una conversación de sobremesa, de esas a los que los españoles somos tan dados: hablar de comida mientras comemos. Lo que aporta "Gastrosofía" es una aproximación al buen comer sin gastrontería. De tal forma que tanto se elogia un plato de venta a lo bestia, guiso de cuchara substanciosa, como al Chef del Mar o al santificado de los fogones cheminova, el irrepetible Ferrán Adriá. Sin pasar por alto y a degüello con la penúltima esferificación y puya de clavo hostelero. Con sentido del humor, criterio y citas cultivadas que viajan de Umberto Eco a Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano de "La sociedad del cansancio" ( nos lo tenemos que mirar). Las referencias disfrutonas, cinéfilas, artísticas y musicales que van de Gabinete Caligari a Radio Futura o el heroico David Bowie armonizan la degustación intelectual de Gastrosofía. Para ser un abogado tan serio, se agradece al señor Huidobro este itinerario del espíritu Brillat-Savarin al gochismo gamberro. Síntesis que se ha trasladado a su forma de escribir, comer, beber y amar, en definitiva, vivir. Por cierto, mánfano es el barquito para la salsa de mojar pan.

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