Los nuevos tiempos

César De Requesens

Gerontócratas

La pregunta en el aire, edadismos aparte, es si hay un límite superior para gobernar

06 de septiembre 2023 - 00:00

El lapsus senil televisado de un político norteamericano durante una rueda de prensa ha puesto en primera línea del fuego mediático la evidencia de un mundo gobernado por octogenarios que, por otra parte, están la mar de bien para su edad.

Con Biden a la cabeza del ranking superando los 82, muy por encima de Trump, a quien hubo que desalojar a los 72; lejos aún de la primera ministra de Malasia que dejó el cargo a los 94; o de la eterna reina Isabel II que sólo abdicó por óbito sobrevenido a los 96, como casi le pasa al presidente hereditario de Cuba Raúl Castro o al rey Abdullaziz que con 87 va camino de entrar en este club de los gobernantes nonagenarios.

La pregunta en el aire, edadismos aparte, es si hay un límite superior para gobernar. Merkel por ejemplo demostró que lo bien hecho no tiene edad, siempre que tengas temple, decisión, oportunidad y muchas otras virtudes que resaltan como carencias entre el común de los mandatarios que sufrimos.

Más allá de la política, los que gobiernan el panorama cultural por ejemplo empiezan a dar hasta miedito. De Madonna se dice de todo por su regreso eterno a una juventud aparente incapaz de abandonar; pero nadie como Cher para hacernos pensar si los vampiros existen de verdad, o los Rolling y demás chavales malotes de apariencia inconformista pero con realidades de pater familias togados.

Este tardar tanto en dejar hueco está resintiendo a las generaciones nuevas que han decidido prolongar sine die independizarse de los papás. Todos nos adaptamos a ver a tipos con 40 años en patineta o disfrazados de cosplay. No hay prisa para ejercer una libertad que ya te han regalado para que no te deprimas más.

Se impone una sociedad de gente mayor rejuvenecida gracias al automimo y las maravillas de la medicina actual. Ves una imagen de tus abuelos con pongamos 58 años y no te reconoces en ellos. Porque para muchos hacerse mayor es conquistar al fin la libertad que les robaron las parejas, los hijos, los padres o Hacienda.

Se echa en falta eso sí aquel bullir de ideas de antaño, allá por el siglo XIX y XX, unos tiempos en que ser joven era luchar por los nuevos mundos imaginados y posibles.

Pero en mitad de este capitalismo absoluto sólo el pragmatismo tipo Xi Jinping permite pensar en donde está el futuro que nos espera cuando maduremos y seamos ya realmente mayores, quizás.

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