ÚLTIMA HORA Irán lanza un ataque contra Israel con "docenas de drones"

Siempre he creído, con firmeza y convicción, en la fuerza generadora de empleo y de economía que nace de la propia sociedad y del empresariado privado, que no del recurrente afán recaudatorio y administrativo de cualquier gobierno del ala ideológica de la izquierda.

Son muchos los casos que podríamos traer a colación al respecto, sobre gobiernos, pretenciosamente llamados progresistas, que exprimen hasta la extenuación a la ciudadanía, ya se trate de personas físicas o jurídicas, con verdaderos cilicios impositivos y ordeños crueles e incesantes de los sufridos y casi siempre exiguos bolsillos del personal, especialmente de las clases medias, sobre las que, en estos días muy precisa y proyectadamente, las previsiones del (des)Gobierno de Pedro Sánchez ya cierne enormes y tormentosas borrascas de gruesas cargas impositivas, con las que, los sociocomunistas de la Moncloa, pretenden amortiguar el trastazo económico que se nos viene encima y que, incluso, ya comenzó a golpearnos, disparando las cifras del paro a niveles de hace lustros -así, en plural- y de los cierres empresariales, sobre todo de los siempre desvalidos autónomos y de la mediana y pequeña empresa -no mucho más protegida ésta- a cifras que ya causan efectos de verdadero terror en muchos hogares de nuestro -económicamente y otras cosas- desnortado país.

El dicho popular sostiene que "la miseria engendra miseria" y que "al pobre, gasto doble": las soluciones miserables, lejos de ser deseables (por supuestamente benefactoras) no suelen resultar sino el más efectivo modo de exacerbar la pobreza y la necesidad que, de hecho, ya afectan a muchos conciudadanos españoles.

No, no todos los gobernantes afrontan la reactivación de la economía con los mismos o parecidos criterios. Ni siquiera los que comparten espacio en el mismo sector ideológico pues, si el Gobierno de izquierda de Pedro Sánchez ya ha informado a la UE sobre la previsión de subir los impuestos a partir del año que viene -es decir, desde ya- y ello muy sensiblemente; metiendo la mano en el bolsillo de empresas y de personas físicas, para no dejar títere con cabeza ni duro distraído en bolsa alguna; sus colegas de Portugal, presididos por el también socialista Antonio Costa, han presentado a Bruselas un programa de estabilidad que prevé una bajada de la presión fiscal hasta 2025. Justo lo contrario a la solución propuesta por el Gobierno español que, de este modo, se queda solo en sus criterios alcistas impositivos en toda la cornisa sur europea, pues, además de Portugal, también anuncian bajar la presión fiscal los gobiernos de Grecia y de Italia. Pero ya sabemos aquello del chiste del desfile: debe de ser que todos los demás llevan el paso cambiado. ¿O no?

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