Carta a los Reyes Magos: los regalos de verdad que necesita un niño
Ideas y conductas
El 25 de septiembre se cumplieron nueve años de la muerte de Pedro Aparicio. Aquél que fue alcalde (“perpetuo”) de Málaga, profesor titular de Cirugía de la Facultad de Medicina de la UMA, presidente de la FEMP, miembro de la Conferencia de Poderes Locales del Consejo de Europa, eurodiputado y presidente del PSOE andaluz, pero sobretodo y ante todo, fue un gran hombre, un gran amigo y un grandísimo escritor.
Aunque mis relaciones con él comenzaron siendo alcalde, fue a su vuelta, en el 2004, tras renunciar a ir de nuevo en las listas a las elecciones europeas e incorporarse a la docencia en la UMA, cuando nuestra relación se acentuó. Coincidió con el comienzo de su exitoso periplo de escritor, dejándose caer los sábados, en su columna “Sur de Europa”, con ejemplares artículos de una fina y esmerada factura digna de los mejores clásicos de la literatura castellana. Nuestra relación, gracias a a la tertulia de Manuel Alcántara, se fue estrechando hasta llegar a nacer entre ambos, dentro de una respetable intimidad, una cierta complicidad. Pedro fue para mí todo un ejemplo de honestidad ideológica, de honradez en su comportamiento, de sinceridad con su propia conciencia y un modelo de conducta cívica, ética, democrática y política. De que gozaba de todas estas virtudes pueden dar fe aquellos que pertenecimos, y sobrevivimos, a la citada tertulia del Maestro Alcántara: Salva Moreno Peralta, Teo León Gross, Rafa Porras, Juvenal Soto y Francisco Barrionuevo.
Pedro Aparicio, socialista ejemplar, murió con el pesar de su no pertenencia al PSOE. No voy a ser yo quién desvele sentimientos que se quedaron en conversaciones entre amigos. Así que el mejor homenaje que puedo hacerle, además de admirar la pulcritud literaria de sus escritos y declarar mi total adhesión a sus concepciones políticas, es recoger uno de sus maravillosos artículos, hoy de total actualidad, del que he tomado prestado el título para estas modestas palabras. Comienza así: “Mientras socialdemócratas y democristianos organizan una coalición para gobernar Alemania, aquí se aplican políticas nacionalistas elegidas por menos de un 6% del electorado”. (…) “En cada ser humano hay un espacio anterior a la política en el que están la cortesía, el atardecer, la Sinfonía Pastoral o la ternura. También el impulso de ayudar al débil, el amor, el respeto a la naturaleza o la amistad. Estos sentimientos, creencias o “principios” son comunes a casi todos los humanos, cualesquiera que sean sus ideas. Es después cuando el individuo elige su opción política”. (…) Pueden ustedes detectar el progresismo o inmovilismo de un ciudadano, recurriendo a un antiguo procedimiento. No tengan muy en cuenta al partido al que vota, ni la clase social a la que pertenece (Engels ya caducó). En cambio, observen su conducta. Si cumple estrictamente sus obligaciones cívicas, laborales y fiscales, si no deja de autoimponerse metas, si trabaja con eficacia, si huye de la mentira y la maledicencia como de la peste, si combate ferozmente las recomendaciones y los privilegios, si es tan amable y tolerante con los demás como exigente consigo mismo… estarán ustedes ante alguien progresista. Insisto, vote a quién vote”. Leyendo esta magistral lección con la que nos deleita Pedro sobre ética política, a lo mejor el PSOE malagueño llega a entender por qué, después de él, la alcaldía malagueña ha estado y estará vetada para ellos.
También te puede interesar
Yo te digo mi verdad
Manuel Muñoz Fossati
Vuelve el cristianismo
En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
Crónica personal
Pilar Cernuda
Izquierda y derecha