Los nuevos tiempos

César De Requesens

Intensidad palermitana

Palermo agobia, irrita, pero a la vez sorprende, maravilla y te despierta de ese turisteo predecible

10 de agosto 2023 - 00:00

Poner el primer pie en Palermo y comenzar a sentir la agitación de una ciudad que no encaja en ningún esquema previo es todo uno. Esta ciudad agobia, irrita, pero a la vez sorprende, maravilla y te despierta de ese turisteo predecible en que ibas entrando conforme cambiabas de ciudad en esta Sicilia inagotable tan adictiva.

Regresas y regresarás a Sicilia una y otra vez justo por eso. Para reencontrarte con el vivir segundo a segundo con cambios de guión y de emoción, con lo que sólo te queda abandonarte y cabalgar en este tempo propio de una isla insumisa.

Te sientas, por ejemplo, en el corso Vittorio Enmanuelle con tu granita y un brioche con helado a ver pasar turistas camino de la catedral o el puerto y te sientas a escribir y sueltas entonces el mundo para que te lleve donde quiera mientras ves pasar al paisano de paseo con su perrito, al negrazo con su patinete eléctrico y dos bafles a todo trapo o esta moda de sostenes-free que sólo disturba ya en la visita a las iglesias.

Nada como dejar de retener el control y que la vida muestre su caos esencial previo al orden que le imponemos, ese por el que velan los polis que atraviesan la arteria viva de la ciudad mirando por encima y de reojo para no pararse a pedir papeles, licencias de apertura o a ahuyentar a esos malos de los que aquí ni se puede hablar, los de la mordida mensual para ‘protegerte’ de ellos mismos.

En ciudades así, casi siempre al sur del sur, sientes que el caos encuentra su armonía natural sin esfuerzo mientras que tú te tomas una pizza o unos cannoli al caer la tarde.

La basura que opaca las calles pronto dejas de verla, como las fachadas decrépitas y a punto de ruina que se desdibujan para dejar el primer plano a los palazzi que atesoran un orgullo noble que se perpetúa en la pobre y digna majestad de estos palermitanos altivos y algo canallas que saben que todo pasa y solo te queda mirar sin ira ni juicio alguno ese transcurrir de un Palermo vivo ante tus ojos sorprendidos.

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