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lola álvarez

Pasión-Tech

En vez de mirar lo que está pasando la gente alza las manos por encima de las cabezas y mira ¡a sus móviles!

Viernes de Pasión, otro de los días grandes de nuestra Semana Santa. Día de seguir viendo procesiones. A la calle nos vamos, a la salida o a la entrada de las Iglesias, a las esquinas, a las plazas, por donde las hermandades y cofradías repiten su recorrido año tras año. Se acerca el momento, se pide silencio, calla la banda, sólo la voz del capataz resuena… Y como si respondieran a una misma y mágica orden, un montón de móviles se acaban de alzar. Visto en perspectiva la imagen resulta tan chocante como inverosímil, en vez de mirar lo que está pasando la gente alza las manos por encima de las cabezas y mira ¡a sus móviles! La parte de realidad que captan las pantallas prima a la real… Se me viene a la cabeza la vieja alegoría del Mito de la Caverna que escribiera, mucho antes de que naciera el Cristo que ahora vemos crucificado, un griego de Atenas llamado Platón y en el que ya hablaba, entre otras cosas, de la existencia de un conocimiento aparente y de otro real. Aquel mito ha cumplido ya más de dos milenios pero sigue estando vigente, es inmortal. La tecnología se ha hecho tan omnipresente en nuestras vidas y cambia y se transforma a tal velocidad que, cual nuevas sombras de la caverna de la que hablaba el viejo filósofo, llega a hacernos creer que lo que muestran las pantallas es más real que la propia realidad. Y lo peor no es esto sino que lo hacemos -y lo asumimos- de manera natural, casi inconsciente, y el peligro se cierne: la inteligencia artificial anda, entre otras cosas, creando imágenes falsas que cuesta distinguir de las reales, y hay gente que se las cree y las da por válidas. Con una media de uso que supera las cinco horas diarias, los móviles se han convertido -internet mediante- en mucho más que un teléfono (agenda, memoria, cámara, periódico, cine, enciclopedia infinita, consultor-de-casi-todo…,) que configura nuestro cotidiano. Se nos pierde, o se nos rompe, y es como si el mundo se nos viniera abajo. La dependencia es tan brutal que su uso está determinando ya cambios importantes en nuestra relación con el mundo. Viendo, entre el humo del incienso y el sonido de las cornetas, tanto móvil funcionando, pensaba en las nuevas maneras de comunicarnos que nos depararán los nuevos inventos y en cómo afectará todo eso a nuestras costumbres y tradiciones. Pronto llegará el metaverso a la Semana Santa, la Pasión-Tech que dirán los modernos, y me pregunto cómo meterán en un algoritmo las bullas y los silencios. Habrá que verlo.

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