Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Recrear la historia

Hay un mundo rural con iniciativa que rompe con la caída en pendiente de la despoblación

Sumergirte durante unas horas en el siglo XVI como si sucediera en tiempo real y a tu alrededor es una experiencia impagable. Tuve la oportunidad de vivirlo en la localidad alpujarreña de Padules, adonde acudí el sábado con amigos para ver, oír, entender y disfrutar. Y vaya si lo hicimos. Montaron allí todo un campamento de Don Juan de Austria con sus tiendas de campaña, soldados de los tercios de impecable y fiel vestimenta, pero también jenízaros fieros con sus plumas en el turbante, mujeres hilando como en un cuadro de Velázquez, el horno echando humo mientras se cocinaba el pan, la vaca mugiendo al tiempo que la ordeñaban o algunos rebeldes moriscos mostrando su pericia con el arco a una concurrencia de gentes venidas de la comarca almeriense de la Alpujarra de aquel lado. Ambiente festivo. Un pueblo con el cartel de completo en los bares.

No paramos. Mis buenos amigos Felipe y Lorena se hacían fotos vestidos de los tercios; Miguel y Estefanía charlaban con el herrero que hacía cuchillos y yo hablaba con Antonio Gutiérrez, alcalde de Padules, sobre esa experiencia exitosa de ocho años dando sentido a un pueblo de sólo cuatrocientas veinte almas que recrean el pasado asesoradas por expertos que quitan victimismos a la nostalgia victimista y borran los afanes neoimperiales.

Hay un mundo rural con iniciativa que rompe con la caída en pendiente de la despoblación y el abandono de los campos, de la emigración y de la desesperada falta de horizonte juvenil. Incluso se veían antiguos emigrantes llegados a aquel rincón desde Mali o Costa de Marfil a los que todos saludaban con el afecto que se tienen los vecinos de los pueblos. Integrar así es para tomar nota.

Hice fotos a la historiadora guerrera Lorena Marín. El sol, el cielo y una bandera de los Austrias flameaba sobre su morrión. Empuñaba un arcabúz como pudo hacer María 'la bailadora', esa mujer que se coló en Lepanto y que Lorena desentraña para los venideros siglos. Y sentí entre foto y foto la historia palpitando de nuevo, recreándose como si fuera un presente necesitado de raíces, limpio ya de las rémoras del emponzoñamiento político que todo lo mancha.

En Padules volverán a montar su campamento en mayo y allí volveré para entender que ahora y en el siglo de Oro la vida está hecha de grandes y pequeños momentos, como esos viajes en el espacio y en el tiempo que a veces se quedan por siempre indelebles en la memoria.

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