Revolución silenciosa

26 de agosto 2023 - 00:15

El ruido y la furia justificados que han rodeado al lamentable comportamiento de Luis Rubiales, presidente de la RFEF, desgraciadamente han oscurecido la importancia de la gesta deportiva de la selección femenina de fútbol al conseguir brillantemente el Campeonato del Mundo de Fútbol para España. Carlo Ancelotti ha dicho: “Hay que ganar con un fútbol ofensivo y espectacular”. Y esa fue la forma de ganar de todas y cada una de nuestras jugadoras de la selección y así superaron a la selección inglesa. En un partido intenso, de poder a poder, llegó el gol de Olga Carmona, que valió un mundial, y algunos sentimos, siguiendo a Pier Paolo Pasolini, que ella era la poeta del año, porque para el poeta y cineasta italiano “el goleador es siempre el mejor poeta del año” y “el fútbol es poesía colectiva” (Edgar Morin). A los lectores no futboleros, les “pido tolerancia para quienes describimos un logro puramente deportivo como el mejor momento de nuestras vidas. No es que nos falte imaginación, ni tampoco llevamos una vida triste y yerma; lo único que sucede es que la vida real es más tenue, más apagada, y contiene un potencial menor para entrar en un delirio inesperado” (Nick Hornby).

Más allá de la felicidad del aficionado y colectiva del país, el Mundial femenino representa un hito importante dentro de una revolución silenciosa dentro del deporte español. El fútbol actual –masculino- y, por ende, el español está afectado por una situación compleja. Asistimos a una qatarización del fútbol mundial que afecta a clubes, ligas, jugadores y fichajes, que está desestabilizando el mercado y precio de los jugadores, así como el prestigio de los clubs y las relaciones de los jugadores con los éstos. Todo ello, afecta a los derechos de la televisión, al prestigio de las ligas… Money is money. El futbol femenino está en una etapa distinta. En un momento de crecimiento y éxitos, tanto en la práctica deportiva como de seguidores en los estadios –ya pasaron los tiempos de las pioneras de las setenta–. Tanto en el fútbol base como en el fútbol de élite donde nuestra liga ya es interesante y nuestros equipos son competitivos a nivel internacional. La revolución silenciosa pasa por una mejora de las condiciones de las jugadoras de élite y de las condiciones tanto económicas como de trabajo que faciliten la práctica del fútbol de alta competición, hoy por hoy, muy distantes a la de los equipos masculinos. Si hoy conectamos con el fútbol de las chicas es, entre otras cosas, porque quizás vemos más en ellas los valores y el espíritu de este deporte más que en ese fútbol de jeques y galácticos multimillonarios. No sólo hay un punto de romanticismo. Este mundial puede ser el punto de partida de una popularización del fútbol femenino español que lleve aficionados a los estadios y espectadores a las televisiones. Además, nuestras campeonas son ejemplo de una práctica deportiva con futuro que, sin duda, hay que cuidar dentro del deporte femenino. Habrá más chicas que jueguen al fútbol en nuestro país.

Sin embargo, la revolución silenciosa del fútbol femenino en España ha sido usurpada por el protagonismo de Luis Rubiales –el gesto vergonzoso en palco, el beso no consentido a Jennifer Hermoso, las disculpas poco convincentes y, en general, todo lo sucedido hasta el discurso en la asamblea de hoy viernes- manifiesta un comportamiento inadecuado y que no está a la altura de un cargo de tal responsabilidad. No es sólo no saber estar. Es algo más grave. Es alguien que ignora lo que es la responsabilidad política y la rendición de cuentas en un dirigente democrático, aunque sea del mundo deportivo. No quiere reconocer que se ha equivocado y muestra, con naturalidad, un comportamiento lleno de soberbia, paternalismo autoritario y machismo a lo largo de esta semana. Son los errores y las actitudes las que exigen su dimisión. Todos sabemos que RFEF es una institución clientelar condicionada por el poder de sus presidentes y necesitaría más democracia. ¿Un candidato para presidente a la RFEF? Si Iker Casillas quisiera, como en 2020, él, claro está. Quién mejor que el santo.

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