A lo largo de esta legislatura las dos cartas de Sánchez que han provocado un profundo malestar en la clase política y empresarial española han sido, por un lado, la que dirigió personalmente al Rey Mohamed VI y que solo ha beneficiado a los intereses de Marruecos y por otro la que, a través de la Secretaría de Estado de Economía, hizo llegar a la empresa Ferrovial "con el fin de poder informar adecuadamente a la junta general de accionistas sobre los posibles riesgos o contingencias de la decisión, adoptada ya el día 13, de trasladar su sede a los Países Bajos". (Calviño dixit)

Son dos ejemplos del "talante y talento" del presidente de Gobierno que sin recato alguno, maneja la gobernabilidad de España como el titiritero de las marionetas de un guiñol. No hay en la Unión Europea un gobierno como el nuestro, que se haga continuamente oposición a sí mismo y que un día sí y el otro también se vea envuelto en un conflicto tabernario entre sus miembros y con los de la oposición.

La agresión permanente e incluso los insultos personales que sufre el empresariado español por parte de este Gobierno está dañando gravemente la imagen de España en el exterior y lo que es peor el crédito y la falta de confianza en la estabilidad económica y seguridad jurídica de las empresas y sociedades asentadas en nuestro país. No está de más recordar que según los datos del Registro Mercantil, desde el principio del procés, el saldo negativo de empresas que decidieron abandonar Cataluña para instalarse en otro lugar de España alcanzó la cifra de 4.498. Lo cierto es que la salida de Ferrovial, daña nuestra imagen internacional y lo deseable sería que no cunda el ejemplo, pero eso está por ver.

¿No es de general conocimiento dentro y fuera del país la improvisación que reina en el Gobierno? Las empresas y los inversores terminarán huyendo, como lo hicieron en Cataluña, porque como está ocurriendo, se les amenaza con vigilancias fiscales casi policiales, se aumentan los impuestos o las cotizaciones sociales y se desprecia su participación en el diálogo social, como se ha hecho con la aprobación del salario mínimo.

El aguerrido y beligerante europeísta Pedro Sánchez, debe explicar cómo va a compaginar la Presidencia semestral de la UE con la aplicación del art.63 de su Tratado de Funcionamiento: "En el marco de las disposiciones del presente capítulo, quedan prohibidas todas las restricciones a los movimientos de capitales entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros países". Es un contrasentido invocar a la Unión Europea para justificar los desmanes legislativos del Gobierno y al mismo tiempo actuar contra los propios Tratados, oponiéndose a la libre circulación de capitales

¿Enviará Sánchez una nueva carta a su admirado Biden para que impida a Ferrovial cotizar en Wall Street y que no se beneficie de los 500.000 millones de euros del plan de infraestructuras que el Congreso de los EEUU aprobó en el 2021?

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