Juan López Cohard

Spain is different

El zoco

06 de diciembre 2022 - 01:31

Hace años que estuve por Irán. Hacía diez años de la muerte del imán Jomeiní y el régimen islámico comenzaba a abrir las puertas al turismo. Me sorprendió Irán porque Irán es un país sorprendente. Aún pasados tantos siglos de tradición islámica su atmósfera sigue siendo persa. Los ciudadanos leen el Corán pero muestran el orgullo de ser los descendientes del Imperio Persa creado por el aqueménida Ciro II el Grande.

Los persas sorprenden por su cultura y, especialmente, por su amor a la poesía. Es un pueblo que tiene entre sus aficiones leer y recitar los versos de sus poetas. Es la distracción en las reuniones de amigos. Recitan a poetas como Ferdousi, Hafez de Shiraz o a Omar Khayyam, entre otros, pero todos conocen y recitan la "Epopeya de Gilgamesh", el poema épico más antiguo del mundo basado en las aventuras del rey que desafió a la muerte buscando la inmortalidad.

Todos los pueblos tienen su Gilgamesh, legendario o histórico, o ambas cosas a la vez, ya que en la mayoría de los casos la leyenda adorna la historia y el personaje real se convierte en mito. Europa está llena de epopeyas nacionales. Cada país tiene su héroe del que sentirse orgulloso. A la literatura épica, nacida en la Edad Media, que relata la vida y hazañas de los héroes, cuyas virtudes se convierten en el modelo a seguir tanto para los individuos como para la colectividad, se le llamó "Cantar de gesta". Podemos destacar en Francia la "Chanson de Roland" que es el cantar épico más antiguo de Europa. En este poema de más de 4.000 versos se ensalza sin comedimiento la gesta del héroe Roland (o Roldan) en la batalla de Roncesvalles. Si bien prácticamente nada tiene de realidad el relato.

En España, como no podía ser de otra forma, tenemos nuestro cantar de gesta y nuestro héroe en el que sustentar nuestro orgullo nacional: El Cid Campeador. Pero, como en todo, "spain is different". Dicho así en inglés parece que suena mejor, es como más auténticamente diferente. Don Rodrigo Díaz de Vivar, alias el Cid Campeador, no solamente fue victorioso en numerosas batallas a lo largo de su vida, sino que fue a mucho más, ganó batallas después de muerto. Hasta el nuestro, todos los demás héroes o sobrevivían a sus heroicidades en el campo de batalla o simplemente eran semidioses con la inmortalidad asegurada. Nuestro héroe, como español y diferente, no tenía por qué ser un semidios, simplemente, como el que no quiere la cosa, aunque muerto seguía venciendo al enemigo.

Bueno eso ha sido el cantar de gesta en nuestra España hasta ahora. El héroe que pasaba a la posteridad por ganar batallas después de muerto. Pero hemos alcanzado en la actualidad un grado más que nos hace ser aún más diferentes. Ahora, nuestro héroe en ciernes quiere pasar a la posteridad, no por ganar la batalla después de muerto como El Cid, sino por ganarle la batalla a un enemigo que lleva muerto más de medio siglo. Con dos cojones. Eso es lo que se llama el síndrome de la victoria "post mortem" (post mortem el enemigo, claro). Con gran valentía y victoriosamente, el autonominado héroe, lo desentierra y lo vuelve a enterrar en otro lugar. Una gesta, épica sin duda, que le hace presumir un lugar en la posteridad. Merecerá, en esa posteridad, que su estatua sustituya al oso del madroño en la Puerta del Sol.

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