En la primera parte de este artículo andábamos por 2123. Pero imagino que quien leyera esas líneas se quedó pensando cómo llegará en el futuro el fin del gobierno de Francisco de la Torre. Es más, muchos se preguntarán si es posible que tenga lugar. Vaya un adelanto: sí, ocurrió. En 2174, por fin, tras 174 años de legislatura, de la manera más humana en un mundo dominado por la tecnología y lo material, comenzó una nueva era.

Antes de eso hubo que sufrir una etapa demasiado larga de apagón malagueño frente al auge del capital invasor y de la gentrificación cainita. La ciudad murió sepultada por la urbe. Málaga ya nunca fue para sus paisanos, sino para que el pudiera permitirse el lujo de vivir en ella. Los primeros coletazos habían llegado a principios del siglo XXI, con el aviso del peligro que podía suponer el cierre del comercial local y el anuncio del crucerismo y los primeros rascacielos. Pero fueron desoídos ante los preconizadores del progreso a toda costa. La ciudad creció. Comenzó a ser ejemplo para otras. El turismo se multiplicó. Las empresas se mudaron a Málaga. El centro histórico, ya más bien un centro comercial, comenzó a ser casi parada de peregrinaje para el foráneo. Tanto creció Málaga, tantos llegaron de afuera, que el malagueño se quedó sin sitio.

La oposición nunca encontró manera de meter mano a De la Torre. Nadie pudo hacerle sombra (ni siquiera Jordi Hurtado, que falleció 6 años antes que él). El reinicio de personas con la inteligencia artificial tampoco. Es más, fue aumentando más la distancia entre el cíborg De la Torre y los intentos desesperados del PSOE y los partidos residuales de crear otro que le pudiera derrocar. Pero como no podía ser de otro modo, el alcalde murió de éxito. Concretamente, con su gestión de la digitalización del embovedado del Guadalmedina. Llovió sobre mojado (es un decir dada la grave crisis de sequía que imperó desde 2038), porque si el embovedado ya fue un engaño en sí (los árboles allí plantados fueron una excusa para servir de alfombra verde a los nuevos mamotretos que siguieron al de Martiricos), la siguiente gran actualización fue la de crear un residencial ultramillonario con un campo cibermagnético comercial de tal manera que se podía vivir allí sin necesidad de salir porque el usuario lo tenía todo en su mano, incluidas pistas de simulación de playas para disfrutarlas en casa.

Los Chupytira Leaks, a través de su comando urbano, lo consideraron el empujón definitivo para la rebelión. Los intentos de acabar con el alcalde enviándole virus o cortando sus cables fracasaron ante los potentes cortafuegos y vigilantes que procuraban Moneo Digital Sons. Por eso se buscó una ofensiva final a la desesperada, un golpe a lo Tejero en clave cibernética. Como medida de aviso antes del gran momento, a modo de reivindicación autóctona y romántica previa, los Chupytira lograron piratear las fuentes de irrigación de oxígeno artificial repartidas por la ciudad e infiltraron viejos aromas de biznaga repescados de museos, particulares y coleccionistas aliados con la rebelión. A las 9:00 del 14 de junio de 2174, provocaron una lluvia de olor a jazmín que perfumó toda la ciudad. 5 horas más tarde estaba previsto el asalto al domicilio de De la Torre para completar el plan. Sin embargo, a las 10:30 llegó el comunicado consistorial: "Queridos malagueños y malagantes: nos llena de desconsuelo comunicar el fallecimiento de Francisco de la Torre, actualmente en su versión 10.8, tras un cortocircuito irreparable en sus fusibles cardiacos al contacto de estos con la lluvia de jazmines, al parecer con una composición incompatible con los materiales del cibercircuito del alcalde. En próximos comunicados se informará de su sepelio y quién le sucederá en el cargo. DEP"

Lo que vino después de eso está por escribirse. En el periódico Málaga del Mañana y ya veremos si en Tinta con limón, que en 2025 pasó a llamarse Tinta Visible y que en el futuro fue heredada por proyectos de periodistas que trabajaron por denunciar las miserias en su ciudad.

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