Confabulario
Manuel Gregorio González
Una buena noticia
Santiago Abascal se parece peligrosamente a esos personajes que advierten dime qué quieres, que me opongo. Si hace tiempo que Vox demuestra escaso interés por gobernar en coalición, pues les va mucho mejor sin asumir ningún tipo de responsabilidad, cuando se entendía que iniciaban una nueva etapa política decididos a asumir, al fin, alguna competencia de gobierno, el presidente del partido no ha tardado ni 24 horas en rechazar la propuesta que le hizo Feijóo, con un argumento insólito: el líder del PP le presenta un decálogo de gobierno que recoge obviedades. Y considera una desconsideración a Vox que anuncien que el PP en ningún caso tomará iniciativas contrarias a la legalidad.
En este clima político tan turbio en el que a diario se conocen ideas disparatadas de distintos partidos sin que se salve ninguno, insistir en la legalidad no es una obviedad sino una posición ética. Y Abascal, que conoce a Feijóo de antiguo –como recordaba Ortega Smith estos días el presidente del PP ha vivido durante años de la militancia, cargos y sueldo del PP–, y además había mantenido el día anterior una larga conversación telefónica con Feijóo, pudo haberle traslado su malestar por algunos de los puntos del programa que proponía Feijóo.
La reacción de Abascal de descalificar ese proyecto de programa abunda en la idea de que el presidente de Vox no tiene excesivo entusiasmo en acordar nada con el PP. Lo que por otra parte no sorprende: hace tiempo que actúa como oposición de Feijóo, no de Pedro Sánchez. Lo advierten sus propios seguidores o incluso su más ex íntimo compañero de partido, Ortega Smith, padrino de una de sus hijas y hoy disidente que se niega a asumir que le hayan despojado de todos sus cargos y de la militancia. Todo, por discrepar –como hicieron antiguos dirigentes de Vox– de las decisiones del círculo político de Santiago Abascal.
Feijóo cometió muchos errores en sus pocos años de presidente nacional del PP, no eligió a los mejores colaboradores ni ha utilizado la estrategia adecuada para minar el peso del gobierno socialista. Pero lleva un tiempo tratando de corregir esos errores, se ha dedicado a poner orden en su partido, con todo lo que eso significa de desgaste personal y político, trabajando treinta horas diarias para ganar el terreno perdido y tener la situación bajo control, que falta hace.
Ha asumido con humildad que los resultados electorales le obligan a llegar a acuerdos con Vox, y le ha tendido la mano porque considera prioritario poner fin al Gobierno de Pedro Sánchez que él, como infinidad de ciudadanos, considera una desgracia para los españoles. Esa mano tendida no la estrecha Abascal. Argumenta que Feijóo propone lo obvio. De acuerdo, propone lo obvio pero ¿dónde están las propuestas de Abascal a los grandes problemas españoles? ¿Dónde las iniciativas con las que Vox corrige, o completa, las del PP? Van a tener razón los ex miembros de Vox que dicen que en Bambú nadie hace los deberes.
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