Y ahora Julio Iglesias

16 de enero 2026 - 03:06

Según informaciones periodísticas recientes, dos antiguas empleadas han presentado una denuncia con acusaciones gravísimas. Lo primero, por higiene democrática: que investigue quien deba investigar y que decida quien deba decidir. Lo segundo, por la misma higiene: que no condene el plató antes que el juzgado. La presunción de inocencia no es una frase decorativa; es el suelo mínimo, también cuando a la persona señalada se la encasilla “de derechas” y ya hay quien reparte culpa con antelación.

El problema no es que se hable del asunto. El problema es la coreografía: titulares en bucle, tertulias con tono de sentencia, y la sensación de que, durante unos días, el país cabe en un mismo “caso” de sobremesa. Y ahí entra la televisión pública, abriendo mañana, tarde y noche, como si la prioridad nacional fuera exprimir morbo. Si esto se trata con rigor, se hace con rigor; si es investigación judicial, se respeta su tiempo.

Mientras tanto, la vida real sigue. Alquileres que se comen media nómina, jóvenes expulsados del mercado de vivienda, sueldos que no alcanzan, listas de espera, energía cara, y una economía que presume de cifras mientras una parte creciente de la población hace malabares para llegar a fin de mes. En Málaga, el debate público se llena de ruido y la ciudad se tensiona: vivienda turística, movilidad saturada y servicios que no crecen al ritmo de la propaganda.

Y fuera, el mundo no está en pausa. Hay gente jugándose la libertad en Irán, tragedia persistente en Venezuela y otras crisis que apenas asoman si no convienen al guion. Aquí, en cambio, nos invitan a elegir bando y a indignarnos a tiempo completo por las presuntas andanzas de una celebridad. Es indecente por frívolo y rentable por distraído: cuanto más humo, menos preguntas incómodas. Además, la doble vara ya cansa. Cuando el escándalo roza a los propios, se matiza; cuando sirve para golpear al adversario, se amplifica. No se defiende a posibles víctimas convirtiendo el periodismo en linchamiento, ni se protege el Estado de derecho usando la justicia como arma partidista. Lo resumía una escena de Una historia del Bronx: un niño está triste por un partido, y un adulto le suelta la pregunta definitiva: “¿Mickey Mantle te va a pagar el alquiler?”. Si la respuesta es no, deja de regalarle tu atención. Pues eso: ¿esta televisión nos va a resolver algo mañana? Menos humo y más país.

stats