Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
Las RR.SS son un hervidero de fanatismos y frustraciones mil. Cada vez que me conecto me encuentro con videos o comentarios sonrojantes por la homofobia o la xenofobia que desprenden. Hay una corriente de homofobia que se extiende desde toda Sudamérica y América central realmente preocupante. Las opiniones al respecto son estremecedoras a estas alturas de siglo: “es aberrante las parejas del mismo sexo o que Dios hizo al hombre y a la mujer para que se apareen o que la familia verdadera es varón, hembra e hijos”. O que el matrimonio es para toda la vida y que por lo tanto no deben divorciarse, que la mujer debe servir al hombre y otros anacronismos. Lo curioso de lo más curioso es que estos intolerantes están en contra de otras culturas que coinciden en estos aspectos completamente.
Esa ultraderecha fanática y ultraconservadora se opone a la musulmana radical, la cual coincide básicamente en estos postulados machistas y homófobos. Las cosas como son. Que no vengan algunos a blanquearme esta obviedad. Existe otra postura fóbica en Europa que consiste en meter a todos en el mismo saco. Muchos europeos ignoran que hay muchos musulmanes que se divorcian, son homosexuales y las mujeres son tan independientes como las demás, aunque lleven hiyab. Otro tema es el niqab o el burka. En estos casos, animo al resto de los europeos a que convenzan a hombres y mujeres que esto es sencillamente una aberración. Se mire como se mire. Que los hombres intenten llevar un burka en agosto a las cuatro de la tarde por Sevilla o Granada. Basta ya de tanta hipocresía y buenismo estúpido.
Hay que cambiar nuestros puntos de vista. En primer lugar, la gente debería conocer las diferencias semánticas entre árabes, musulmanes, islamistas o sharía. Deberíamos recordarles que hay árabes cristianos, por ejemplo. En segundo lugar, que toda religión posee diferentes facciones, unas que tienden al fanatismo y otras al aperturismo y el respeto. Y que se puede vivir perfectamente sin practicar ninguna religión. Que dos hombres o dos mujeres pueden amarse. Que la mujer puede vivir, trabajar y pensar de manera independiente. Que el mundo es muy amplio y diverso. Que hombres y mujeres se encuentran en el mismo nivel. Al mismo tiempo que los acogemos, hay que educar a muchos de ellos en valores de igualdad y diversidad. Por último, me cuesta creer que huyan de un sistema opresor para continuar con el mismo.
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