Club Dumas

Así arde nuestro futuro

Ahora una sociedad sufre por la tragedia y una familia llora por el padre perdido, todos víctimas de la sinrazón

Hace ya muchos años que en España empezamos a darnos cuenta de la gravedad que tienen los incendios forestales. Nos lo recordaban durante el tardofranquismo con eslóganes como aquel de "Cuando el monte se quema, algo suyo se quema…señor Conde", incidiendo en la responsabilidad de los propios terratenientes en dichas tragedias. Pero hoy la mayoría de los grandes bosques y parque naturales que encontramos son zonas protegidas pertenecientes a todos y cada uno de nosotros. Por tanto ahora la responsabilidad de su supervivencia, y por ende de la nuestra, dependerá de la conciencia medioambiental que tengamos y de la contundencia con que frenemos estos atentados contra la naturaleza.

Hoy estamos viviendo uno de los peores incendios que se han producido en Málaga. La Sierra Bermeja era, y esperemos que vuelva a serlo, un auténtico paraíso para la biodiversidad. Sin embargo, parece que la ambición humana no tiene límites, sobre todo tras descubrirse varios focos diferentes de posibles orígenes del fuego. En circunstancias normales sería lógico pensar que, si se atrapa al responsable, se le obligue a repoblar todo el monte quemado. Sería lo mínimo como reparación del daño causado. Pero en esta ocasión ha muerto un bombero y eso, aunque no fuera deseado ni estuviera previsto por el o por los pirómanos, eleva notablemente el delito final. Ahora una sociedad sufre por la tragedia y una familia llora por el padre perdido, todos víctimas de la sinrazón más absoluta.

Cabe pensar que este incendio no esté relacionado con la búsqueda de nuevos terrenos de construcción, porque las leyes españolas se volvieron muy estrictas en ese sentido. Y tampoco es Málaga una provincia donde los terrenos de siembra solo puedan crecer ganándoselos al bosque. Pero como decía el escritor estadounidense Don Winslow: "Los incendios provocados tienen tres móviles: la locura, la venganza y el más importante, el dinero". Por tanto, las razones para provocar incendios de este tipo, como ha ocurrido en las últimas ocasiones, suelen encontrarse en aquellos que disfrutan viendo como el fuego devora los árboles o los que quieren tener más peonadas como servicios de extinción de incendios. Tanto en un caso como en otro son la demostración de que algunas cabezas no funcionan muy bien del todo, porque de lo contrario caerían en la cuenta de que lo único que hemos echado a arder es nuestro propio futuro.

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