EL ZOCO

Juan López Cohard

En estado de buena esperanza

TODOS los años hay un pleno para preguntarle al alcalde por el estado de la ciudad. Y todos los años el alcalde responde: -La ciudad bien, ¿y ustedes? Los ediles que gobiernan con el alcalde, apoyan su respuesta intentando convencer de que todas las actuaciones ejecutadas por sus respectivas concejalías se han hecho inmejorablemente. Y, también todos los años, los ediles de la oposición niegan la afirmación del alcalde e intentan convencer de lo mal que lo han hecho los concejales en el gobierno. Alguno hasta los califica, tal cual hiciese un profesor con sus alumnos, y los suspende a todos. Está muy bien, este democrático ejercicio, si no fuese porque de nada nos sirve el debate a unos ciudadanos que día a día vemos más de cerca el fantasma del paro. Las autocomplacencias del equipo de gobierno y los reproches inconsistentes de la oposición, mientras la ciudad se muestra con un encefalograma plano, no vienen precisamente a darnos un asomo de esperanza a los malagueños. Un asomo de esperanza en cuanto a la reactivación económica de la ciudad, a su crecimiento ordenado y continuo, a su calidad residencial, a su oferta cultural, a la ejecución de proyectos que nos enorgullezcan como malagueños, a conseguir, en definitiva, unos objetivos claros, definidos y consensuados por todos los partidos y por todas las administraciones. El problema es que en Málaga siempre (y sólo) estamos en estado de buena esperanza, ya que no salimos de estar en espera de saber qué nuevo y grandioso proyecto nos anuncian para ese futuro que nunca veremos. Parece que son pocos los proyectos, realizables en un tiempo prudencial, que éste ayuntamiento es capaz de concebir. De momento, en este pleno, sólo concibió el concejal de Urbanismo Manolo Díaz. ¡Enhorabuena!

Mantener la buena esperanza con proyectos a tan largo plazo que se nos hacen irrealizables es como mitigar el hambre con el pollo de Carpanta. Los sueños están bien pero sueños son. No valen "expos" a veinte años, ni puentes volando sobre el mar, ni ríos soterrados, ni promesas vanas, sino proyectos avalados con presupuestos y a fechas fijas. De estos Málaga siempre ha escaseado y pocos se han completado y no estamos en tiempos adecuados para soñar. El Ayuntamiento tiene una gran responsabilidad ante la situación de crisis en la que vivimos. Con medidas tan fáciles de tomar como la reducción del tiempo de tramitación en los expedientes de su competencia o la puesta en marcha por la vía de urgencia de inversiones públicas y privadas de proyectos pendientes, la ciudad podría mantener el pulso económico e impedir, en parte, que suba la cifra de parados. También la oposición tiene mucha responsabilidad y mucho que hacer para facilitar estas medidas, además de buscar la complicidad de la Junta, sin cuya colaboración difícilmente alcanzaremos las revoluciones necesarias. Bienvenidos sean todos los grandes proyectos que se propongan, pero que no sirvan para distraer la atención y esconder la ineficacia de sacar adelante los pequeños proyectos diarios con los que vivimos que, a la postre, son los mayores.

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