Carta a los Reyes Magos: los regalos de verdad que necesita un niño
Las cuentas del Rey
Debería ser un toque de atención sobre cómo usar del patrimonio de los españoles, pero Sánchez no tomará nota
Don Felipe decidió hace tiempo poner sus cuentas negro sobre blanco, y así se lo comunicó al Gobierno y, más recientemente, al nuevo líder de la oposición. En un ejercicio de transparencia, ha hecho públicos sus ingresos, depósitos y acciones, y el valor de su patrimonio personal que incluye algunas joyas y obras de arte. Todo lo demás, incluidas sus residencias, son Patrimonio del Estado. Ayer, por iniciativa del Rey, el Consejo de Ministros aprobó el real decreto que regula la estructura de la Casa del Rey. Recoge, entre otros artículos, el control y supervisión del Tribunal de Cuentas de todo lo relacionado con la Casa.
Un ejercicio de claridad que honra a don Felipe y que tendría que hacer reflexionar al Gobierno, que presume de transparencia pero que escamotea los datos cada vez que le piden detalles sobre sobre los gastos cargados en los Presupuestos. Si los presidentes anteriores trataron de cumplir con lo que exige la ley, Pedro Sánchez ha hecho uso indiscriminado de fondos públicos y del patrimonio del Estado sin ofrecer ningún tipo de información. Alega La Moncloa que son datos que se deben mantener secretos por razones de seguridad y para preservar la privacidad del presidente.
Conocemos prácticamente todo lo relacionado con la Familia Real, excepto el destino de las vacaciones privadas que se toman dos o tres veces del año. Que pagan de su bolsillo, aunque el Estado pone a su disposición el servicio de seguridad. Sin embargo, en esta etapa de Gobierno de coalición hemos visto uso desmedido de residencias estatales por parte del presidente, familia y amigos, y el uso también de aviones oficiales para viajes personales que han generado gastos al Estado y que nunca antes habían utilizado miembros del Gobierno para asuntos particulares. Felipe González hizo uso del yate Azor en sus primeras vacaciones presidenciales, y Alfonso Guerra utilizó inapropiadamente un falcon para acudir a una corrida de toros. Errores, ambos, que nunca repitieron. Su Gobierno, socialista, asumió la transparencia, como hicieron sus sucesores. González, antes de abandonar La Moncloa, hizo un inventario minucioso de los miles de regalos recibidos durante sus 14 años presidenciales… porque no los consideraba regalos personales. Ese comportamiento se ha venido abajo con un Gobierno de partidos que presumían de austeridad, de transparencia y de diferenciar lo público de lo privado.
El ejercicio que ha hecho el Rey debería ser un toque de atención sobre cómo se debe hacer uso del patrimonio de todos los españoles, pero Sánchez no tomará nota: alegando seguridad utiliza los bienes patrimoniales como si fueran suyos … y además oculta su uso.
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