Enrique Gª-Máiquez

No se deje robar

Su propio afán

Aprovechemos que la mayoría absoluta del PP nos ha ahorrado todas las cábalas poselectorales

21 de junio 2022 - 01:37

En la jornada de reflexión, yo trataba de reflexionar, pero lo tenía difícil, porque ya lo tenía todo muy pensado, y hasta escrito. Por eso, la flexión reflexiva me cogió preparado para saltar sobre una frase del padre José Granados, que podría ser de Chesterton. Nos reflexionó, en plena jornada de ídem, sobre que Jesús pidió a sus discípulos que no fuesen del mundo, pero que estuviesen en el mundo. El padre Granados observaba que la situación está completamente invertida: somos mundanos, pero no estamos en el mundo.

Quedé pasmado. Mundanos es verdad que lo somos y mucho, con tantas ambiciones, afanes y ansias de fama. Eso ya lo sabía yo, en mala parte por experiencia. Lo asombroso es caer en la cuenta de que, además, no estamos en el mundo. Nos lo han birlado. John Lukacs advirtió que la abstracción es la principal tendencia de nuestro tiempo. Entre reuniones virtuales, búsquedas por internet, metaverso, criptomonedas, transferencias virtuales, ausencia de propiedad, sexo en red y transhumanismo, somos los individuos más mundanos de la historia más fuera del mundo.

Impresiona, ¿o no? Aprovechando que no nos van a distraer las negociaciones después de los resultados electorales, hoy, tras felicitar a Juanma Moreno por su éxito absoluto, podemos volvernos al mundo. El secreto es la atención. No dejar de mirar la realidad que nos rodea.

Yo aconsejo agarrarla por sus nombres propios. No conformarse con decir "un árbol", sino identificar un pino, un acebuche, un alcornoque, un algarrobo o un ciprés. Fijarse. Lo mismo con los pájaros, con las razas de perros, con los talantes y con los talentos de las personas que nos rodean. Y luego colocarles los adjetivos precisos.

Sería triste que Jesús mismo nos diese un consejo y nosotros hiciéramos talmente lo contrario. Estemos en el mundo con los dos pies afianzados en la tierra. Las envidias, las ambiciones, las ideologías, las redes sociales, las modas, nos hacen mundanos, y nos dejan sin el mundo, que es para los tranquilos, para los humildes, para los limpios de mirada.

Aproveché la jornada de reflexión, aunque sopesé otro problema distinto que el electoral. Teniendo en cuenta la contundencia de los resultados, me alegro, porque no me habría servido de nada barajar alternativas que no ha habido. En cambio, no podemos dejar que nos birlen el mundo, que es lo que hay. Más tonto aún es que lo hagan aprovechando nuestra mundanidad.

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