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Escribir hoy sobre la izquierda no es fácil, el mundo está dominado, en muchos casos, por una derecha radical que hace que nuestro presente se caracterice por populismos y democracias iliberales. La cuestión es volver a gobernar desde un proyecto político ilusionante, con un liderazgo inteligente y con carisma sino además con un programa de futuro que refleje una visión de los problemas de la sociedad de nuestro tiempo que implique un modelo de país y, sobre todo, una serie de políticas concretas que capten las necesidades de los ciudadanos. Cómo ya he dicho en algún otro lugar, ese retorno a lo concreto se está dando, por ejemplo, en discursos políticos como los de Zohran Mamdani o de Zack Polanski.
Lo que hay que plantearse es un debate serio de la izquierda sobre el modelo de sociedad en el que vivimos que está en pleno cambio. Lo que vemos es que la socialdemocracia sigue defendiendo el Estado de Bienestar y los derechos sociales de los ciudadanos cuando gobierna y la izquierda de la izquierda se ocupa de los problemas de los colectivos más vulnerables y, por supuesto, de la defensa de los trabajadores y de los derechos de las mujeres. Sin embargo, la izquierda en su conjunto parece ignorar en su conjunto la revolución tecnológica que estamos viviendo. Como afirma acertadamente Andrés Ortega, ‘desde el centro social-liberal hasta las izquierdas hay un vacío de políticas o propuestas ante los impactos en la sociedad de la revolución tecnológica multidimensional en curso, pese a su inmenso alcance. Hasta ahora, la respuesta se limita a la defensa o protección de los usuarios (incluidos los adolescentes), más que como ciudadanos o trabajadores. En la derecha actual tampoco las busquen: no existen. Parece no necesitarlas, aunque en su seno haya grandes dudas. Carecer de este enfoque puede deparar consecuencias muy negativas’. En este sentido, Ortega sugiere la creación de un nuevo Informe Beveridge sobre la IA no para “preservar” el Estado de Bienestar, ‘sino para adaptarlo a las nuevas realidades, necesidades y posibilidades’.
Esto es sólo un ejemplo de algunos de los temas que no se ha planteado seriamente la izquierda. El auténtico dilema de la izquierda pasa por una renovación de ideas y programas que refleje una comprensión de la sociedad en qué estamos viviendo que conecte con los ciudadanos. En este sentido, el otro dilema de la izquierda, el estratégico y liderado por Gabriel Rufián para articular la izquierda en España es otra cosa y, a pesar, de la exitosa puesta en escena, refleja, sin duda, una necesidad política evidente ante la fragmentariedad de este espacio político y ante el crecimiento de Vox. Sin embargo, los liderazgos y posiciones partidistas internas creo que presagian la enorme dificultad de la propuesta liderada por Rufián.
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