NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
Llegamos tarde a las jornadas que tendrían lugar en la Universidad del Sur de Dinamarca, situada en Kolding, una ciudad de no más de 60.000 habitantes. Aun así, contaba con unos astilleros de primera, fábricas de maquinaria y transporte y un aspecto urbano envidiable: la bici imperaba sin candado, como la informalidad en el vestir en el trabajo (desabillé premium, estilosa). Allí vi a las primeras mujeres de no tanta edad luciendo bonitos cabellos naturalmente canosos; tienden a esbeltos. La biblioteca pública era superdotada, con una arquitectura deslumbrante, de interminables bolsas atmosféricas, vértigo de curvas y pocos recovecos; cientos de ordenadores con alta conexión para cualquiera, sin pedir permiso. Había en ella pufs grandes como prados, para relajarse o leer. Eso hacían sobre ellos algunos, como si tal cosa.
No es que el equipo español de profesores fuéramos tres Paco Martínez Soria con la maleta de madera al llegar a Atocha, pero los fiordos domeñados con sutil belleza y los puentes hacia Odense o Copenhague nos asombraban. Los bares y restaurantes también eran raros: la clientela no gritaba. Y se la veía alegre y conversadora. No es de extrañarse que los groenlandeses digan no –de momento– a mutar en protectorado o base estadounidense por la última pragmática sanción de Trump: son geográficamente norteamericanos, estratégicos, quizá atesoran maravillas minerales. Un tesoro helado tras el ropero, en el que uno puede elucubrar una Tilda Swinton que reine invisible e inquietante; cruel Bruja Blanca de Narnia. Trump, hace pocos días: “Lo haremos fácil o lo haremos por la tremenda”. Eso es un socio.
La rica Dinamarca se ve por las bravas arrinconada por el líder –desencadenado– de la alianza militar a la que pertenece el pequeño escandinavo. Es epicentro de una terráquea paradoja: seis millones de espantados socialistas burgueses. En trance de violación. Lo tomas o lo dejas: EEUU se posesionará de Groenlandia, sea con un envido de 700.000 millones para empezar a hablar, sea por lo militar sin sangre. Súbitamente, la orfandad de la Europa libre: cosas veredes, amigo Laudrup. Y lo que te rondaré, morena clara, y a tus veintitantos socios, cuya Defensa se agrieta con un picahielos de Manhattan. No podría nunca haber nadie imaginado este plan hace tres cuartos de hora. En Occidente.
Sobre Marruecos, los palmeros se desuellan las manos: cainismo o muerte. Dinamarca ni Dinamarca.
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