Notas al margen
David Fernández
Vox se resiste al cortejo de Feijóo
No hay por qué enfadarse tanto con la visión tópica y falsa que dieron de Sevilla los presentadores de la gala de los Grammy Latinos. Ni hacer el ridículo como la portavoz de Podemos y el grupo municipal del PSOE que, por cargar contra el alcalde, ha dado a las imbecilidades de Raulín y Lilí la capacidad de influencia negativa sobre los inversores de un informe del Wall Street Journal o el Financial Times.
Sigan los socialistas la consigna de su jefe y hagan de la necesidad virtud. Porque a lo que los presentadores han dicho tan grosera y torpemente –porque en una reivindicación de lo latino repitieron los más manidos tópicos norteamericanos sobre lo latino– se le puede dar la vuelta a nuestro favor. El estudio de las notas de Mark Twain sobre Italia, país que al que primero trató con burlón desprecio yanki, culpando a su indolencia del atraso económico y la decadencia de sus hermosas pero sucias y ruinosas ciudades para después apreciar su sabiduría vital, sirvió a Marc Fumaroli en su espléndido París-Nueva York-París (Acantilado) para contraponer “el imperativo de la rentabilidad omnívora [estadounidense] que crea un desierto tanto para la religión como para las artes, tanto para la libertad política como para la felicidad personal” al modo de vida latino: “Es en el descanso contemplativo cuando brotan las fuentes divinas de ese poco de ciencia, sabiduría, justicia, amor, felicidad y belleza que los mortales son capaces de transmitir”.
Nada nuevo. La cosa se remonta al otium de las antiguas Grecia y Roma (en las que, eso sí, los esclavos permitían el ocio creativo), tomó nueva forma en el Renacimiento (recuérdese nuestros Menosprecio de corte y alabanza de aldea y Epístola moral a Fabio), cuajó en la expresión dolce far niente y ha sido defendida estos últimos años, además de por Fumaroli, por los grandes Steiner en Idea de Europa, Ordine en La utilidad de lo inútil o Leys en Breviario de saberes inútiles.
Hay ocios creativos y ocios imbéciles. Además de ser maestros en trabajar tanto como los que más y disfrutar de la vida como pocos, tenemos la habilidad de hacer productivos nuestros gozos: la Semana Santa y la feria aportan en torno al 4,6% del PIB de la ciudad. ¡Si hasta cuando nos divertimos facturamos! Váyanse Raulín y Lilí a Miami con viento fresco (aunque mucho hará falta para llevárselo a él).
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