Pocas esperanzas

11 de enero 2026 - 03:09

2026 y la vuelta a la supuesta rutina viene con constantes sorpresas; ese tipo de movidas que dan bajón hasta al brasero de la mesa camilla. Vamos de susto en disgusto ajeno: inundaciones, vientos, terremotos, revoluciones. Una temperatura del ambiente meteorológico y social con cambios bruscos. Fíjese que, con el biruji, da pereza hasta salir a por calcetines de invierno y fachalecos de rebajas. Con este panorama, he rebuscado en la estantería el Diario para Estoicos de Ryan Holiday y Stephen Hanselman, un tocho clásico de la autoayuda: 365 reflexiones sobre la sabiduría, la perseverancia y el arte de vivir. Un compendio de sentencias de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio; tiritas para las penas que sustituyen en esta añada al Almanaque Zaragozano, cuya portada se ha puesto más naranja de lo habitual de pura envidia por desertor del arado.

Los pensadores grecolatinos, pasados por la batidora anglosajona, recetan para hoy, 10 de enero, píldoras de constancia. Un sortilegio para fijar la estabilidad y la tranquilidad pasajera, como si el destino estuviese en nuestras zarpas. El hábito y el carácter se logran con un difícil equilibrio que solo unos pocos privilegiados, funambulistas de la vida, consiguen a pesar de las influencias externas. Vienen a decir los gurupollas que, filtrando la mala onda exterior, podemos poner orden siempre que estemos en nuestros cabales. Por el contrario, si somos cortos de entendederas, todo lo demás lo veremos retorcido y perderemos la capacidad de tranquilizarnos en este caos de bullicio modernícola.

Vienen buenos días para los estoicos. No recuerdo la autoría de aquel que dijo que se editaban muchos libros de autoayuda porque no funcionaba ninguno. No obstante, las “Meditaciones” de Marco Aurelio nos acompañan hasta en los sobres de azúcar. Servidor las lleva en el móvil para domesticar los minutos vacíos de las salas de espera llenas, preparándome para lo peor y esperando lo mejor en esta Cenacheriland bullanguera que no deja de fascinarme. Antes de que se me olvide, estos cazadores profesionales de la felicidad nos recomiendan evitar el retiro eremita a lo Simón del desierto, la versión surrealista que hizo Buñuel de Simón el Estilita, un santo asceta cuya veneración radica en haber pasado 37 años sobre una columna. Y hablando de pilares absurdos, ya están maquinando a la entrada del puerto la instalación de unas esculturas colosales de Hércules, Venus y un par de leones que dan miedo. Ya le digo: para 2026, mínimas esperanzas.

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