Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
La Constitución y su fiesta se han convertido, un año más, en la fiesta del disenso. Hay un clima político de tensión que sobrevuela en una celebración institucional como esta: La absoluta falta de entendimiento entre Sanchez y Feijóo, que no tienen una entrevista hace un año y que en el acto de celebración de nuestra Carta Magna se han evitado. De hecho, nuestra vida política gira alrededor de un gobierno que intenta aprobar unos presupuestos y una oposición que hace de los procesos judiciales sobre corrupción el centro de su estrategia. Gobernar hasta el 2027 o la dimisión de Sánchez antes del fin de la legislatura.
En este contexto, a la siempre citada polarización hay que añadir como la palabra ‘enmerdar’ se está también adueñando del debate político. Cómo escribía Soledad Gallego-Díaz: ‘El debate político se está “enmerdando” en muchas partes del mundo, y desde luego en España, de forma deliberada y con objetivos muy concretos. Se enmierda el debate político en países democráticos negando la legitimidad a gobiernos que la han obtenido de forma legal y reglamentaria. Se enmierda reduciéndolo a la opción “ellos o nosotros”, en lugar de “esto o esto otro”. Se produce enshittification en el deterioro de la Universidad o sanidad pública; cuando se veta en el Parlamento Europeo a la persona más cualificada y competente para trabajar en la Comisión. Ocurre hasta en medio de catástrofes como lo ocurrido en Valencia, con las redes hirviendo con bulos y con políticos como el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, creyendo que es posible olvidar su ausencia y mantenerse en el cargo, si consigue ensuciar lo suficiente el escenario’.
En una palabra, las ausencias y desencuentros del día de la Constitución junto con la polarización y el enmerdamiento nos hace olvidar lo que ella supuso: un enorme esfuerzo de cesiones y evitación de los maximalismos para construir un consenso que permitiera construir la constitución democrática de todos. Cuarenta y seis años después, sigue siendo una buena Constitución, aunque pueda necesitar algunas reformas y representa, sin duda, el legado de algunos destacados exponentes de aquella generación que hizo la transición: José Pedro Pérez Llorca, Gabriel Cisneros, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Turá. Nuestra universidad, hará nuevos doctores honoris causa, a los otros dos padres de nuestra Carta Magna: Miguel Herrero de Miñón y a Miquel Roca, el próximo martes, pronunciando la laudatio, el profesor Ángel Rodríguez, Catedrático de Derecho Constitucional. Un acertado y justo reconocimiento a la generación que contribuyó a nuestra democracia.
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