El río de la vida

Por fin me sé la lista de los reyes godos

Por fin me sé la lista de los reyes godos. Me empeñé y ya lo he conseguido. Recuerdo a mi maestro Don Diego empeñado en que sus alumnos se supieran la lista de los reyes godos y los palmetazos que me llevé porque nunca era capaz de pasar de Turismundo. Empezaba: Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodoredo, Teodorico, Turismundo… Y ahí me quedaba. Con el tiempo llegué hasta Leovigildo, pero hasta ahora no decía de carrerilla los treinta y tres reyes, los arrianos y los católicos. Después de Don Diego y los maestros de su época hubo un tiempo educativo en el que se despreció la memoria. Los profesores ya no permitían que tuvieras en la retentiva un montón de nombres que la pedagogía progresista consideraban inútiles. Pero yo, personalmente, gracias a esa retentiva sé cómo se llaman todos los ríos y los lagos de América, las capitales del mundo, los afluentes de los ríos españoles, los elementos de la tabla periódica y las bienaventuranzas, por decir algunas de las muchas listas que tengo guardadas en mi memoria. Esas listas memorizadas desde que iba a la escuela no solo me hacen ahora parecer más culto, sino que me ayudan a luchar contra esas patologías que generan la edad y que tienen que ver con la pérdida de la memoria. De vez en cuando digo mentalmente de carrerilla alguna de estas listas y compruebo que aún el señor Alzheimer no me ha visitado o que, por ahora, no tiene intención de hacerlo. Así que disiento de todos aquellos que crean que no es útil saberse la lista de los reyes godos. Hay un anuncio publicitario sobre créditos bancarios que iguala el "interés cero" de algunos de estos créditos con el "cero interés" que tienen los reyes godos. A los mentecatos que han ideado la campaña les diría que, entre otras cosas, saberse la lista de los reyes godos sirve para que a un chaval de ahora le preguntes por Chindasvinto y Recesvinto y no los confunda con la pareja de centrales de la selección ucraniana de fútbol. Pero parece que eso es a lo que vamos y lo que queremos. Sobre todo, tras saber que la nueva ley de Educación contempla la supresión de los exámenes de recuperación y la posibilidad de obtener un título aun teniendo asignaturas pendientes. Ya no solo se desprecia la memoria, también se desprecia el conocimiento. ¡Si Sisebuto el Culto levantara la cabeza!

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