La colmena
Magdalena Trillo
¡Es el petróleo, estúpido!
De no ser por el sufrimiento causado por la dictadura bolivariana de Maduro y la inquietud del pueblo venezolano, tras la intervención de Trump y el secuestro del dictador, el año 2026 habría comenzado con la situación más hilarante imaginable.
Haciendo caso omiso al derecho internacional, Trump invade Venezuela y promete un cambio de régimen bajo su supervisión; es decir, instaura una suerte de protectorado. Tras capturar a Maduro, se le ocurre dejar como presidenta a la que ha sido (y es, ¿lo es?) la mano derecha y cómplice del mandatario.
El matón del barrio mundial debe de estar riéndose a carcajadas ante las ridículas posturas adoptadas tanto por quienes lo apoyan como por quienes lo atacan.
Para empezar, se ha saltado a la torera el orden internacional. Ha invadido militarmente otro país y ha secuestrado a su presidente para llevárselo a EE. UU. “Bueno —piensan sus seguidores—, peor lo hizo Putin en Ucrania”. Mientras tanto, las izquierdas afines al bolivarianismo invocan la legalidad internacional, algo que obviaron con la invasión de Ucrania. Pero he aquí que Trump, en lugar de entregar el poder a la oposición, se lo devuelve al mismo Gobierno chavista. ¿Qué dirán ahora? ¿Qué argumentarán contra Trump los Yolanda, Belarra, Irene, Rufián o Pedro? ¿Se manifestarán a favor de su decisión? Por su parte, Feijóo, Bendodo, Abascal y compañía se han quedado estupefactos ante la decisión del yanqui de apartar a Corina o Edmundo González para dejar a Delcy Rodríguez como presidenta; eso sí, siempre que ella cumpla lo que, me huelo, ha pactado previamente con Trump.
No soy experto en asuntos internacionales, terreno en el que nunca me he metido por puro escepticismo. El mundo es lo que es y se mueve por intereses particulares. Así, lo ocurrido en Venezuela tan solo me ha divertido porque intuyo que detrás no hay más que el egoísmo económico de Trump.
Me ha confirmado que, al menos en España, existen tres grupos de ciudadanos: los que defienden al presidente secuestrado por ideología (aunque este nunca demostró ganar las elecciones, sino que usurpó el poder gracias al ejército); los que, por idéntico sesgo ideológico, apoyan la ilegal actuación yanqui (pese a que tampoco se demostró que Maduro perdiese los comicios); y un tercer grupo, el del ridículo supino, formado por quienes creen saberlo todo, dan consejos a líderes mundiales y ofrecen análisis sacados de una IA.
Lo más gracioso es que, con un solo regate, Trump los ha dejado a todos en evidencia. Ni el mismísimo Maradona.
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