Vivir como un rey

28 de febrero 2026 - 03:09

Ladesclasificación de los documentos del 23-F por parte del gobierno, 40 años después del intento de golpe de Estado es una buena noticia para nuestra democracia. Va a permitir saber más sobre un momento decisivo de nuestra historia reciente. Sin embargo, como ha señalado Javier Cercas, “El gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto”, dejando claro el protagonismo del Rey a la hora de detener el golpe. “El Rey cometió errores antes del golpe, algunos muy serios, como querer echar a Adolfo Suárez, o jugar con la idea de un Gobierno de coalición o concentración presidido por un militar y permitir que el general Armada fuera por ahí proponiéndose para el puesto; son errores que cometió casi toda la clase política, pero en el caso del Rey fueron más dañinos. Esos errores facilitaron el golpe, pero el Rey no lo montó: lo paró”.

Con independencia de que el estudio de los documentos secretos abran vías de investigación a los historiadores y a otros científicos sociales para saber lo que pasó aquel 23 F, se confirma el papel del rey como defensor de la democracia, un papel que desempeñó durante la transición y después durante el proceso de consolidación democrática, después del intento del golpe de Estado.

Sin embargo, reconocer su papel en la historia democrática de nuestro país no puede hacer olvidar las razones de su abdicación, las razones de su vida fuera de España en Abu Dabi y general, de las razones de ese vivir como un rey en ese exilio dorado. Los orígenes de una importante fortuna fuera España y una vida privada con una escasa ejemplaridad pública para ser nuestro primer monarca democrático, le llevaron a la situación que ya conocemos.

Juan Carlos I se marchó a Emiratos Árabes Unidos (EUA), en agosto de 2020, y desde entonces ha dejado de tener de tener residencia fiscal en España, por lo que no está obligado a pagar impuestos y tampoco a dar explicaciones sobre el origen de sus ingresos o de los medios que sustentan su lujoso tren de vida en el golfo Pérsico. Por lo tanto, allí vive como un rey. Si vuelve a España se le pide que viva como quiera -ya no es rey- pero que comporte como cualquier otro ciudadano y que cumpla con sus obligaciones fiscales por residir en su país. Si lo piensa, y lo hace quizás pudiera ayudar a reconciliarse con los españoles y también a reforzar el futuro de la monarquía como institución después de todo lo ocurrido. En realidad, no dejará de vivir como un rey nunca pero debe recordar que volverá a vivir en una democracia, con unas reglas, que él contribuyó a crear.

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