Las dos orillas
José Joaquín León
Túnel en el Estrecho
Antes de diñarla y siendo consciente del “memento mori” hay una serie de manías que delatan la edad. Puede que sean desórdenes neurológicos, trastornos o llámelo como usted prefiera. Son patrones que se repiten en la conducta de las personas mayores. Sin llegar a la categoría de “Síndrome de Diógenes” la alerta surge con el acaparamiento de bolsas de súper bien dobladas, rollos de cinta adhesiva, dispensadores de celo, pilas y en mi caso grapadoras. Desde la grapadora de tapicero para hacer una ñapa a la de hojas de papel para unir legajos que nadie volverá a leer. Porque a excepción de varios documentos pasados por el Registro, el resto irá al contenedor azul pajarita. Interpreto dicha rareza con la idea de querer atrapar los tiempos en los que tenía más garra para luchar contra las adversidades con fuerza y optimismo, con descarada jovialidad dando tumbos por el mundo y aguantando lo que se me pusiera por delante. Pero ahora, esos síntomas de pegar y unir recortes quebradizos y asegurar los objetos que me rodean, ya sea con un toque de cinta americana, doble cara, o velcro… entiendo que representan que me he plantado en esta partida de las siete y media. Y es una decisión delicada porque “los hijos de la transición” como nos definió Miguel Ángel Aguilar en la presentación de su Libro “No había Costumbre, Crónica de la Muerte de Franco” el pasado viernes 9 de enero en la Sociedad Económica de Amigos del País, todavía pintamos algo más que papeletas y votos: memoria. Como turista de camping playa desde 1967 y residente intermitente en Cenacheriland desde 1988 con varias mudanzas y barrios en la chepa, no comprendo el desasosiego y derrotismo de las nuevas generaciones marcadas por las últimas letras del abecedario X, Y o Z. Los problemas que nos afectan: oportunidades laborales, carestía de la vivienda, tráfico zebedeo, precios de la canasta básica imposibles son comunes a todas las ciudades crecederas, pero vete tú a mudarte a la España despoblada y conectada por fibra óptica. Nadie renuncia al espectáculo metropolitano de las obras, el bullicio, los centros comerciales y culturales para estar en el meollo de la novedad aunque nos duela y birle la cartera. Por eso, tiro de la grapadora Casco, para fijar los datos de donde venimos y poner un poco de orden entre tanta factura de promesas incumplidas e ilusiones tan amarillas como mojadas.
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