antonio Méndez

Seis historias de resistencia

HACE treinta años, Javier apenas tenía 18. A esa edad decidió que había llegado el momento de hacer escuchar su voz y para que nada estorbara convirtió en invisible la danza de una letra inolvidable con la que nos descubrió que el amor sí que tiene sabor. Hace veinte años, supongo que Luis Fernando debió esconderse en su refugio de los Montes ante su temeraria idea de montar un laboratorio para realizar ensayos industriales. Con el pequeño inconveniente de que Málaga carecía de industria. Así que decidió que lo mejor era saltar al mundo pero sin perder nunca el pie de apoyo.

Hace casi tres décadas desde que Manuel, allá en su Chile natal, viera volar a sus espaldas a un joven de 17 años llamado Ivan. Entonces entendió que el futuro le mostraba un nuevo campo de juego en el que ya no necesitaba saltar más que los demás. Y gracias a él este año los malagueños no hemos podido parar de dar brincos de alegría. Felisa fue en Milán donde halló el camino por el que en Málaga sólo circula la auténtica solidaridad. Desde entonces cada día ayuda a que miles de personas conserven la esperanza de que aunque el mañana sea tan terrible como el hoy, por la noche unos ángeles aplacaran un poco la desesperación de enfrentarse a un nuevo amanecer. Carlos y Jesús suministran grandes dosis de risas y llantos, tristezas y alegrías. Detrás y delante del telón. Porque al fin y al cabo la vida es puro teatro y todos estamos obligados a ser sus actores.

Son grandes historias de este 2012 que acaba. Un año en el que no es fácil buscar los motivos de satisfacción porque han sido pocos, demasiado pocos. La Universidad de Málaga ha cumplido cuarenta años, el Parque Tecnológico de Andalucía veinte. El turismo aguanta los embates de una crisis eterna y el Málaga ha enseñoreado la imagen de esta ciudad y provincia por el mundo. Y todos nos hemos dado cuenta de que realmente nos necesitamos para poder salir juntos de este pozo. Unos meses en los que el paro no ha dado tregua. Las quejas de todo tipo han recorrido las calles porque el ciudadano se siente vencido por la injusticia. Un gran incendio y varias inundaciones han causado importantes daños y desnudado algunas de nuestras fragilidades y señalado los desafíos pendientes.

No hay que irse al New York Times para buscar fotos de personas rebuscando en los contenedores en una Málaga de contrastes muy agudizados. A unos metros del bullicioso casco histórico de la capital, poblado de bares y locales, veíamos una imagen impactante junto al Guadalmedina que este periódico tituló como Las colas delhambre. Las colas que protegen los Ángeles Malagueños de la noche. La política y muchos políticos parecen inmersos en un laberinto que cada vez les aleja más de los ciudadanos. Pero la política es más necesaria que nunca y los políticos de verdad, también. Así que es hora de que reaccionen y de que les ayudemos a reaccionar porque está en juego nuestro futuro.

Las previsiones para 2013 tampoco atisban un cambio de tendencia. Y ahora se impone la moda del pesimismo e incluso del catastrofismo, de los que debemos salir cuanto antes. Porque pese a las dificultades, en esta sociedad malagueña siempre tenemos ejemplos que seguir que nos permiten mirar hacia delante con seguridad. En la siete ediciones anteriores de los Malagueños de hoy hay suficientes muestras de lo que digo.

Los Bomberos sin fronteras de Málaga, Carlos Álvarez, Prolongo, Pasión Vega, Felipe Romera, Adelaida de la Calle, Charanga, Pablo Alborán, Berni Rodríguez y Carlos Cabezas, la Fundación Luis Olivares, las bodegas Ordóñez, Diana Navarro, José Manuel Melero, Isco, Eugenio Chicano... Son ya muchas las personas y entidades que han merecido el reconocimiento de este periódico y que nos brindan el impulso hacia la convicción de que el mañana en esta provincia seguro que será mejor. Los Malagueños de hoy no son unos premios al uso. Sólo consisten en ocupar un espacio en lo mejor que cada día este periódico puede aportar a la sociedad a la que sirve: su portada para desde allí cada 31 de diciembre brindar por el futuro.

Es indudable que sin talento es difícil conseguir el éxito. Pero sin esfuerzo es sencillamente imposible. Quizá en las personas que nos acompañan hoy, aunque de ámbitos totalmente distintos, sí hay un denominador común en sus trayectorias: la capacidad de resistir para salir vencedores. Una receta que no deberíamos desdeñar ante la profundidad de los retos pendientes que hay que afrontar. Los premios los concede la redacción de este diario. Pero en esta ocasión hemos decidido que una de estas distinciones, con la que pretendemos simbolizar esa cultura del esfuerzo, fuera fruto de la elección de un jurado en el que han estado presentes representantes de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Málaga y los empresarios además de miembros de este rotativo.

El Teatro Alameda es ahora mismo la única gran sala de gestión privada de Andalucía. Levantó el telón en 1961. Seis años después lo adquirió el grupo Sánchez Ramade, desde 1988 hasta 1995 fueron salas de cines con algunas representaciones esporádicas. Fue entonces cuando Carlos y Jesús Sánchez Ramade, dos de los cinco hermanos socios de la empresa familiar, decidieron tomar las riendas y transformarlo en una institución puntera de la cultura en esta provincia. Más de 650 obras desde entonces, 40 montajes diferentes cada año. Producciones propias como la de la Cena de los Idiotas y la Ratonera, proyectos futuros de estrenos nacionales desde Málaga como Lifting y Un matrimonio feliz. Carlos y Jesús además le han dado una visión propia. Eliminaron los cines, han creado salas para microteatro y así promocionar grupos locales. Han crado un espacio para que nunca se pierda el romanticismo. Y en estos tiempos de grandes dificultades constitutyen la prueba de que la cultura también se escribe con mayúscula desde un proyecto empresarial privado si sus gestores sienten auténtica pasión por ella.

Todo gran proyecto nace de una semilla y ,en ocasiones, de una pandilla: la que conformaron hace ya más dos décadas José Blanco, el director de Ingenia, Felipe Romera, del Parque Tecnológico de Andalucía, Tomás Entrambasaguas, el catedrático de Telecomunicaciones y Luis Fernando Martínez, que llegó de Madrid a Málaga para montar el laboratorio de I+D de Fujitsu, la primera rama del futuro árbol tecnológico de Andalucía. ¿Qué tienen en común estos hombres? Forman parte de un equipo singular que siempre prefirió dirigir empresas a ser empresario. Con una visión global , alejados del cortoplacismo y unidos por la cultura. Sí, la cultura otra vez, porque Entrambasaguas está en el coro de la Universidad, Felipe Romera escribe novelas, y Luis Fernando, además de su pasión por el campo, es pintor y escultor. Y esas sensibilidades se notan cuando las aplican a la vida profesional.

Luis Fernando, tras los vaivenes de Futitsu y de la mano del PTA, se puso al frente de la empresa CETECOM, el nombre inicial de la actual AT4 wireless, una de las entidades públicas promovidas para darle actividad a la tecnópolis de Campanillas. Desde aquel laboratorio para industrias en una ciudad sin industria a la hoy empresa punta en redes y tecnologías inalámbricas, una de las más internacionalizadas del sector andaluz. Su cóctel para el éxito, el talento pero también la intuición para saber en qué momento hay que variar el rumbo para que el buque navegue con viento a favor. El último ejemplo, este mismo año, con la venta de su división de Sistema de Medidas a Agilent Tecnologies, con lo que ha propiciado la entrada de una nueva multinacional en el PTA que funcionará con el capital humano made in Málaga.

Porque si de algo se siente orgulloso Luis Fernando Martínez, al margen de su vocación por la innovación y la tecnología, es de la estrecha colaboración que mantiene con la Universidad de Málaga desde su creación en 1991 y que le permite presumir de que la mayoría de sus profesionales son egresados de la UMA altamente cualificados. AT4 wireless también demuestra que la inversión pública es rentable si un proyecto es serio y se pone para su desarrollo en las manos adecuadas.

Todos los días, todo el año, de 19,30 a 21.30. Son parados, jubilados, empresarios, ex delincuentes, exgorrillas, policías, amas de casa, abuelas, nietas. Son los voluntarios de los Ángeles Malagueños de la noche que, según reza en su página web, trabajan todas las tardes elaborando bocadillos que reparten sin preguntar a nadie, con un vaso de leche, un zumo o un café. Alimentos que reciben en general de Bancosol y todavía tenemos en mente esa gran campaña solidaria que se ha realizado este mismo mes de diciembre. Ojalá esta ONG pudiera alguna vez desaparecer pero desafortunadamente cada vez resulta más necesaria. La crisis ha roto con los estereotipos en las largas colas que se forman para calmar el hambre; hace tiempo que acuden padres de familias e incluso pensionistas. Los múltiples rostros de estos complejos tiempos que no pueden dejarnos indiferentes. Fue Felisa Castro, una malagueña de calle Álamos, bautizada en la misma iglesia de Picasso, la de Santiago, quien en un viaje a la estación de autobuses de Milán observó una caseta en la que se ofrecía a los indigentes algo caliente. Trasladó esta iniciativa a Málaga, junto a la orilla del Guadalmedina, y poco a poco ha ido creciendo el número de atenciones que se han visto obligados a prestar. No aceptan dinero sólo comida, es una premisa que cumplen a rajatabla.

Tampoco demandan nada de las administraciones, pero llegan donde ellas han fracasado. Felisa Castro fue la fundadora en 2009, ahora Antonio Meléndez, el presidente actual sigue ese legado.

Si hay alguna enseñanza que podemos extraer de 2012 es que más que nunca Málaga tiene que ser solidaria. Los Ángeles de la Noche, los guardianes que cada día evitan que algunas personas caigan por el abismo de la desesperación son quizá uno de los ejemplos que dignifican la condición del ser humano.

Hace justo 30 años, en un lejano 1982, Javier Ojeda se incorporó como cantante al grupo Danza Invisible, que por entonces daba sus primeros pasos. Aquella decisión acarreó consecuencias que de ninguna manera aquel jovencito de 18 primaveras podía imaginarse. Javier es desde hace mucho tiempo, pero cada vez con más fuerza, una de las voces más características, singulares, queridas y representativas de Málaga. Lo fue ya en los primeros años de Danza Invisible, en plena movida, en la histórica grabación de Música de contrabando en Manchester en pos de sus ídolos; lo siguió siendo en los 90, con el éxito arrollador de Sabor de amor, la conquista de todas las emisoras, la adopción de una música más cálida que competía en las pistas de baile y la consagración de la banda como pieza indispensable de la historia del pop español.

Y lo ha seguido siendo en su madurez, en su búsqueda incesante de nuevos lenguajes para decir lo que siempre ha querido decir, en solitario, con Danza Invisible o con los muchos, muchísimos músicos y amigos malagueños con los que se ha aliado en el escenario y en el estudio para que el sabor perdure. Siempre, en cada de sus aventuras, los malagueños hemos podido compartir el privilegio de escuchar su voz como algo nuestro y a la vez universal, lo que, de alguna forma, nos ha hecho mejores. Este 2012 que ahora termina ha sido muy importante para Javier. Lo ha sido, principalmente, por el 30 aniversario de Danza Invisible, que devolvió al grupo a la carretera y al estudio con las mismas ganas del primer día. Ojeda impulsó el rearme de la banda apenas unos meses después de lanzar su segundo disco en solitario, Reversos, en el que cantaba y recreaba lo mismo a Bob Dylan que a Héctor Lavoe, y de escribir el libro, Una historia del pop malagueño, que finalmente ha hecho justicia al llamar a las cosas por su nombre.

Pero es que si algún término describe la naturaleza de este músico eternamente aprendiz es el francés amateur: no sólo por su manía de no parar de aprender nunca, de considerarse a sí mismo siempre novato, (en este 2012, por si le faltaba algo, también ha decidido debutar en la composición de una banda sonora para una película), sino porque ama rabiosamente todo lo que hace. Desde lo más sublime a lo más cotidiano.

En la memoria musical de España, Javier lleva tres décadas haciéndose querer, cantando, luchando, evitando los atajos y sin esconderse. Para los de su generación y todos los que vinieron después, representa algo así como el amigo con el que se ha contado siempre, del que se ha echado mano cuando ha sido necesario.Todos sabíamos que Javier era algo nuestro, que siempre tendríamos tiempo de decírselo, pero tampoco parecía que tuviéramos prisa en hacerlo. Así que ya es hora de proclamarlo muy alto: Javier Ojeda, sin lugar a dudas 2012 ha sido tu año y llevas treinta haciéndonos mejores.

El fútbol es pasión. Pero puede ser música, una sinfonía de movimientos en equipo, arte en definitiva. También lucha, esfuerzo, trabajo, tesón. Un deporte que traspasa sentimientos, que encumbra a una ciudad o la hace desaparecer de la faz de la actualidad. Los cronistas deportivos han ido agotando estos meses los calificativos después de cada partido. Los retos se quedaban pequeños cuanto mayores eran los obstáculos. El objetivo era alcanzar Europa a través de la Liga, luego la clasificación para la Champions, su eliminatoria previa, la primera fase. Los ojos del mundo futbolístico por primera vez en su historia no han tenido más remedio que quedarse prendidos de lo que sucedía en esta pequeña bombonera.

El Málaga es hoy un equipo respetado por todos sus contrarios y por el que los malagueños sienten auténtico orgullo. Los resultados son el fruto, pero el disfrute es la forma en la que los consigue.

Se había desatado la euforia. En una sola temporada pasamos a codearnos entre los más grandes y rápidamente olvidamos los orígenes e incluso puede que perdiéramos algo de humildad. Pero de pronto asistimos aterrados ante la posibilidad de que el sueño se evaporase con la misma aparente rapidez con la que se construyó. Sólo él tiene el secreto del porqué cuando las circunstancias invitaban a que este castillo se desmoronara sin remisión es cuando más sólidos se han demostrado sus cimientos. Un central que como decíamos al principio cuenta la leyenda que decidió retirarse al ver como un imberbe de 17 años le ganaba la espalda en un salto. Aquel delantero era nada menos que Iván Zamorano y la jugada acabó en gol. Un defensa convertido en un entrenador enamorado del ataque.

Algunos estudiosos de su figura le atribuyen una gran capacidad de análisis y de previsión y un enorme talento para gestionar eso que algunos designan recursos humanos y otros prefieren llamar equipos. Dicen que en realidad quería ser doctor, pero se licenció en ingeniería civil. Como entrenador triunfó en Argentina, Chile y Ecuador. Encumbró al Villarreal pero es posible que en Málaga haya afrontado el desafío más importante de su carrera y diseñado su mejor obra. Sabedor de que dicen más los hechos que las palabras, Manuel Pellegrini huye de los focos, pero su cuaderno de bitácora lo podemos adivinar en los movimientos de Isco o de Portillo, la nueva juventud de Joaquín, da igual la alineación que se recite porque lleva su sello inconfundible. El fútbol es efímero y el futuro puede ser cruel o brillante. Pero en estos duros tiempos, a Manuel Pellegrini hay que agradecerle la ilusión y la autoestima que ha traído a la ciudad, esos noventa minutos en los que consigue que tanta gente se olvide de tantos problemas.Ya ha ligado su nombre a la historia de Málaga y del Málaga, siempre será recordado. Pero es bueno que el agradecimiento se haga en tiempo presente. Gracias porque nos ha permitido vivir algo que aunque sea repita será irrepetible, gracias por encarnar unos valores con los es imposible perder aunque lleguen las derrotas, gracias en definitiva señor Pellegrini por hacernos mejores aunque nunca lleguemos a ser tan buenos.

Esta ha sido la historia de Javier, de Manuel, de Carlos, de Jesús, de Luis Fernando, de Felisa de Antonio, la historia que debe continuar y que nosotros intentaremos contarles a todos dentro de un año con los nuevos malagueños de hoy que deben conducirnos a alcanzar las metas de 20013. Como siempre gracias al hotel Málaga Palacio por acogernos en su casa y a su director Jorge González, que como suele decir hay pocas cosas con más poder que una sonrisa.

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