La mar chica del Puerto

13 de enero 2026 - 03:07

Por la mar chica del puerto / andan buscando los buzos / la llave de mis recuerdos. // Por la mar chica del puerto / el agua se pone triste / con mi naufragio por dentro”. Con estos versos recuerdo que el pasado sábado el maestro Alcántara hubiese cumplido 98 años. Y he elegido estos versos porque si los buzos encontrasen la llave de sus recuerdos, vería que habrían desaparecido. Cuando menos los del puerto y la mar chica que él inmortalizó.

Se está perpetrando un atentado a la estética y a la razón que va a destrozar la mar chica. Esa mar tranquila de la bahía, cercana al centro de la ciudad y refugiada en el puerto, quedará bajo la sombra de dos monstruosas esculturas de estilo extemporáneo.

Nuestro Puerto, en su historia, ha sufrido ataques de corsarios argelinos, otomanos, ingleses e, incluso, en 1693, de franceses que bombardearon la ciudad y la tomaron. Pero ahora las incursiones no vienen de fuera, los corsarios son nuestros. Primero intentaron destrozar el Puerto con un aberrante centro comercial que invadía el muelle 2. Afortunadamente la propuesta no salió adelante. El centro comercial se quedó en el muelle 1, junto al Museo Pompidou, y en el muelle 2 surgió el Palmeral de las Sorpresas, que acogió una espléndida exposición de esculturas de Elena Laverón. Después volvieron a atacar. Esta vez con un hotel de más de 140 metros de altura en el nuevo Dique de Levante, batalla que se está librando todavía, con la particularidad de que, si no se le gana la batalla, tendremos un monstruo de hormigón agrediendo la línea del horizonte marítimo malagueño y anulando totalmente ese trozo de la historia que es La Farola, proyectada y construida en 1817 por el ingeniero Joaquín María Pery.

Pero no contentos con ello, los corsarios redoblan el ataque con dos esculturas colosales, de 8 metros de altura, enmarcando la entrada del Puerto, con lo que conseguirán prostituirla, junto con su entorno, con un alarde de vulgaridad y ornamentación recargada de muy mal gusto. Entre las cuatro columnas dóricas (formada cada una, a su vez, por dos pares de columnas de fuste acanalado), el Neptuno con una red de oro y la Venus escoltada por dos leones monumentales, nuestros corsarios van a conseguir el Guines de la horterada monstruosa. ¿Por qué no las ponen en Plaza Mayor y dejan en paz al puerto?

Un día de la campaña de las elecciones municipales de 1995, en el hotel Larios, el insigne candidato a la alcaldía de Málaga, Eduardo Martín Toval, lanzó esta pregunta al público que le escuchaba: ¿Qué debemos hacer con el Puerto? Le contesté: Llenarlo de barcos. Puerto, dedíquese a lo suyo.

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