Nuevos especímenes

03 de marzo 2026 - 03:08

Nací cuatro años antes de que llegara la mitad del siglo XX y por tanto, en mi niñez, mi juventud y hasta el comienzo de mi madurez, cuando con veintitantos años ya era padre, me eduqué bajo la dictadura franquista. Desde que tuve criterios políticos, ya en la universidad, estuve en desacuerdo con el régimen dictatorial. Pero no solo con el que teníamos en España. Estuve en total desacuerdo con cualquier totalitarismo, ya fuese de origen fascista, de origen comunista o simplemente de origen cojonero, esto es, de cualquiera que con el uso de la fuerza gobernase como le saliese de los c... Pero dentro de la educación recibida, había unos principios y unos cánones de comportamiento, aceptados socialmente como normales. Entre ellos se encontraban la honradez (no toques lo que no es tuyo), el honor (no hagas o digas aquello de lo que te avergüences), la honestidad y la sinceridad (no mientas y cumple con tu palabra), el respeto (dale el valor que le corresponde a la persona por su edad, sabiduría o méritos), y la educación (compórtate adecuadamente para no molestar y, a tu vez, ser respetado). En fin, una serie de normas que eran consideradas “normales” y que ahora son las “anormales”.

Me han pasado casi ochenta años por encima y mi sorpresa va “in crescendo” viendo cómo se están invirtiendo los valores. Y, junto a esos comportamientos, han nacido una serie de nuevos especímenes que lejos de ser considerados abominables, son incluso aplaudidos y votados, de tal forma que han copado el poder. Y no solo en España, donde se puede esperar cualquier cosa, sino en el mundo entero. Así, haciendo un recuento muy por encima, tenemos el espécimen del mentiroso. Hoy, mentir, es una virtud política y social. Véase a Sánchez o Trump hacer lo contrario de lo prometido. Otro espécimen es el chorizo. El choriceo está tan generalizado que lo anormal es no serlo. Y, especialmente, han nacido como setas los todólogos (espécimen llamado en inglés Jack of all trades) y que la RAE los define como aquellos que se sienten capaces de opinar sobre cualquier materia, desde política o leyes hasta vulcanología, sin ser especialista en ninguna. Son ridículos y su hábitat más frecuente son los grupos de chats, desde donde son capaces de darle soluciones a todos los problemas del mundo y, además, son muy dados a apostar que siempre ocurrirá lo que ellos dicen. ¡Ah! Y la última de las opiniones siempre han de ser las suyas. Bueno, hay muchos más especímenes, pero mucho menos espacio para sacarlos a pasear a todos.

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