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En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

¿Tú qué me ofreces?

Absténganse de leer esta columna militantes acérrimos o talibanes de partidos políticos de todos los colores, porque puede herir sus sensibilidades, aunque creo que esas sensibilidades las tendrán a prueba de bombas. Primero, les diré que soy de esos -no sé si muchos o pocos- que el otro día prefirió ver un nuevo capítulo de The Walking Dead al debate electoral a cinco que dieron en buena parte de las cadenas de TV y de radio. Es curioso, a estas alturas considero que The Walking Dead aporta más a la supervivencia de la especie humana, por lo que supone de buscar el bien común, que lo que aportan los intereses interesados de unos partidos políticos que parapetados en ese mantra de que piensan en todos, al final solo piensan en los suyos. Segundo, les diré que -gracias a Dios - soy de esos pocos o muchos, no lo sé, que se sienten muy libres a la hora de votar a unos o a otros -o de votar nulo, que a veces es mi mejor opción, pero sí, votar-, aunque sé que en mis tres décadas de carrera periodística ha habido señoras y señores azules de la política que me han considerado el enemigo sin pruebas porque no les he bailado el agua . Y tercero, les diré que a estas alturas, a día de hoy, mi voto -libre como el viento, algo que por desgracia no pueden decir muchos- no lo merece ninguna candidatura si escruto qué es lo que realmente cada una en general ofrece.

Insisto, a estas alturas mi voto es nulo. Por cierto, vaya manera de indignarme el señor Pablo Casado, por poner un ejemplo, quien en ese minuto de oro final que le tocó del debate a cinco -minuto de oro que escuché al poner la radio pensando que estaría en antena un programa deportivo que aún no sé por qué escucho si la mayoría de los días se tiran casi todo el programa hablando del Madrid-, insisto, vaya manera de indignarme quien en ese su minuto de oro final me dijo desde ese otro lado de las ondas que le gustaría sentarse conmigo en mi sofá para decirme que mis problemas son sus problemas y que él lucharía por solucionármelos. ¿Perdona? No creo que ni a Casado ni al resto le importen mis problemas, ni que se identifiquen con ellos, lo único que les importa es mi voto. Y puestos a ganárselo, pues se me ocurre preguntarles qué es lo que me ofrecen personalmente para dárselo. Porque no nos engañemos, el voto se da de una manera muy egoista, aunque habrá excepciones, algo que no pongo en duda. Por ejemplo, el jubilado que vota a un determinado partido con la intención de que no le hagan daño a su pensión lo hace pensando en él, no en que le pueden quitar la pensión al resto. Luego están los paniaguados, esos que se lo juegan todo trabajando en campaña porque saben que el partido les proporcionará un puesto de trabajo por los servicios prestados. Mi voto de momento es nulo, pero, como Groucho Marx, puedo cambiar de principios, ¿tú qué me ofreces?

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