Mar de fondo

¿Qué queremos ser?

Tenemos una sociedad cada vez más polarizada económicamente que da lugar a más polarización, a secas

Estos días se leen muchas reflexiones sobre cómo será la nueva realidad, pero demasiadas veces considerándola como algo que nos vendrá impuesto. En muy pocos casos el enfoque es ¿cómo queremos que sea la nueva realidad? Tenemos muy interiorizado que de producirse un cambio nos llegará ya cocinado, y no tendremos gran cosa que decir. Pero eso sería perder una oportunidad única de ejercer eso que llamamos soberanía popular, y que no hay que descartar tan pronto que exista. Deberíamos tener algo que decir sobre cómo queremos que sea ese futuro del que tanto hablan, y que de nuevo va a girar alrededor de una vieja pregunta: ¿Quién debe pagar la factura de la crisis? Que es equivalente a la pregunta: ¿Queremos un Estado fuerte o un Estado débil? Que a su vez equivale a preguntarse: ¿Debe haber herramientas efectivas para redistribuir la riqueza?

Estas cuestiones ya se plantearon durante la crisis pasada, y la decisión fue pasar la factura a las clases medias y bajas. Se decidió que eso era lo mejor para todos, pero a la postre no parece que haya sido así. Tenemos menos clase media, con unos ingresos mermados, el 10% más rico posee más riqueza que el 90% restante y el 18% está en situación de exclusión social. Tenemos, en definitiva, cada vez más desigualdad. Es decir, tenemos una sociedad cada vez más polarizada económicamente, que necesariamente da lugar a una sociedad cada vez más polarizada, a secas.

Y la respuesta a la crisis anterior salvó la Economía, sin duda, pero a costa de la paz social, de la convivencia. Los que se quejan tanto del daño que produce Podemos al país, deberían pensar que Podemos no existiría sin la enorme bolsa de marginados y damnificados que generaron esas políticas en la crisis anterior, y que repetirlas no haría otra cosa que engordar aún más esa cuenta. Y no solo eso, VOX tampoco existiría sin ese naufragio social. Cuanto más se polariza un extremo, más se polariza el otro, y no solo por reacción. Cuanto más fácil es caer en la miseria, más mezquino y radical se vuelve ese porcentaje ultra que solo piensa en amurallarse en su abundancia. Y revertir o no este proceso de polarización es justamente lo que nos jugamos ahora. ¿Qué sociedad queremos tener? ¿Queremos cambiar de nuevo riqueza por convivencia? Y, sobre todo, ¿cuánto puede sobrevivir la riqueza sin la convivencia?

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