Ignacio del Valle

Un rapto de 'perrícula'

Hay que tener mucho morro para despachar entrevistas hasta en radio macuto

El secuestro de Pocahontas ha sido mentira. Tras un relato, sí, una historia de acción con atraco a punta de pistola y malaje despachamos un suceso de cine. El género de las perrículas, aventuras y desdichas a cuatro patas conmueve. En la literatura tenemos a Colmillo Blanco el medio lobo de Jack London. Algún periodista ve en Milú, el foxterrier de Tintín, al mejor compañero de redacción. En todo desastre que se precie de ser venteado por los multimedia, explico: escenas de riá, balacera o terremoto, la topografía de la pornomiseria obliga incluir en plano a un perrete olisqueando drama con mirada pedigüeña. También dame caricias y llámame tonto. Con el caso Pocahontas nos colaron otra engañifa más. Somos fieles al principio de cuanto más increíble, más factible, Víctor Lustig (1890-1947) llegó a vender la Torre Eiffel dos veces.

Estamos acostumbrados a tragar por el aro como caniches circenses. Hay que tener mucho morro para despachar entrevistas hasta en radio macuto. La bola corrió de boca en móvil, cosechando miles de clics y los ojeadores voluntariosos avistaron a Pocahontas en este desconcierto de Aranjuez. El embuste contaba con todos los ingredientes de la incierta post verdad : delincuentes marginales, pistolas, macarrismo polinganero y captura de una perruna venus negra. Ni que hubiera promocionado el montaje una empresa de seguridad de esas que se forran alarmando y asustando viejas. Para salpimentar esta fantasía de Pocahontas cañí añadimos otro factor emocional. La verdadera víctima: una joven discapacitada que se queda sin su asistente adiestrada. Tras los rayos, truenos y tuits de tanta indignación atormentada, escampa y confirmamos que la Policía no es tonta y que el autor de esta engañifa tiene menos neuronas que escrúpulos. Con el auge de la sensibilidad animalista recordamos a los perros guía, lazarillos de invidentes y a los héroes peludos del entretenimiento en la pantalla grande y la tele de andar por bata. Chuchos como Toto el compañero de Dorothy en el Mago de Oz, Lassie o los muy animados Scooby Doo, Pluto, Goofy o el mismísimo Snoopy de pegatina carpetera. No podría faltar Coraje el perro cobarde y los más añejos del Cenacheriland recordarán a Patán el perro malcriado de Pierre Nodoyuna. La verdad siempre sale a flote como un mojón, por mucho que ladre y apeste. Por cierto, si tiene mascota recoja "sus cosas" en una bolsa cuando lo saque a pasear.

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