Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

A vueltas con la muerte

Todo quedará con los vivos para que sigan disfrutando de lo que nosotros tuvimos en depósito. Es ley de vida

He visto por las calles de este arranque del otoño ese baile de máscaras en que el Halloween extraño lo ha transformado todo. Ya no refunfuño tanto. Son las costumbres de una masa consumista que copia todo de las pantallas a las que viven pegados. Me cansé de ir de cascarrabias por la vida. Será que recuerdo a mis abuelos quejándose de esos locos con pelos largos que hacían tanto ruido. Reconozcámoslo: estamos en los tiempos del dios mercado que nos marca el calendario y la vida y solo queda la compasión para los que claudican ante él por carecer de alternativas.

Pocos tabúes quedaban en pie, pero este de la muerte resiste como ninguno. Sólo hablar de ella ya produce un estremecimiento íntimo, una conciencia del valor de la existencia misma, sin adjetivos ni matices, al descubrir que algo palpita aún ante el contraste del acabamiento definitivo.

Por estas fechas regresan siempre estos grajos al pensamientos. La naturaleza tiende a mirar hacia el suelo y con ella volvemos la vista hacia ella como último refugio para nuestros huesos. Nadie se librará. Las glorias y los empeños quedarán ahí sepultados con nosotros y sólo seremos memoria de aquellos en cuyo corazón estuvimos vivos. Ni másteres ni propiedades vendrán con nosotros al nicho. Todo quedará con los vivos para que sigan disfrutando lo que nosotros tuvimos en depósito, poco más. Es ley de vida.

Y, de por medio, este tránsito de la nada (o del todo) a la nada (o al todo). Cada cual con sus creencias da como mejor puede contenido a lo que fue y lo que será antes y después de la vida. Pero sin certeza alguna. La existencia misma es una convicción indemostrable, de ahí que sea todo un acto de fe permanente, partiendo de este estar vivos que nos acucia día tras día sin dejarnos pensar por un instante que solo el estarlo ya es el regalo, y a partir de ahí, pues un mejor que mejor igual de gratuito.

Lejos de ser pensamientos sombríos, estas ideas son una invitación a la alegría y a ese gracias que tanto nos cuesta pronunciar. Vivimos en el empeño de convencernos de merecerlo o de lamentarnos porque nunca llega, pero no de agradecerlo. La vida para muchos es esto: un permanente dejar lo importante en el saco del olvido.

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