Carrera de inauguraciones

Hemos asistido en las últimas semanas desde todas las administraciones a una carrera por cortar el máximo número de cintas para favorecer a sus candidatos

La publicación ayer en el BOE del decreto de convocatoria de elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo de 2023 obliga, desde hoy, a las instituciones a suspender los actos de inauguración y las acciones de propaganda. La Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg) obliga a los poderes públicos a mantener la neutralidad y les prohíbe difundir los logros que hayan alcanzado durante el último mandato o legislatura. Sólo se autorizará la comunicación que sea imprescindible para el correcto funcionamiento de los servicios públicos, "sin connotaciones electoralistas", o los anuncios sobre la inscripción en los censos o relacionados con el proceso de las votaciones. Como suele ser habitual, durante las últimas semanas hemos asistido a una carrera sin el más mínimo pudor por cortar el máximo número de cintas. Firmas de convenios, presentación de proyectos, primeras piedras y, fundamentalmente, estrenos. Todo sirve para este empeño, desde una ampliación del Metro a un gimnasio municipal o un columpio con vistas panorámicas. Cada gestor, en la medida de sus posibilidades, ha usado estas últimas jornadas para realzar sus teóricos éxitos. Eventos que, en muchas ocasiones, se han ajustado al límite a este calendario legal. Nadie se libra de este mal extendido en el ejercicio de la política. Ni el Ejecutivo central, con un desplazamiento masivo de ministros para dar visibilidad a los candidatos del PSOE, con el paraguas de cualquier excusa oficial, a la Junta. El presidente andaluz incluso convocó un Consejo de Gobierno en Granada como trampolín para las aspiraciones a la Alcaldía del ayuntamiento narazí de la ex consejera de Fomento Marifrán Carazo. El antiguo Hospital Militar de Sevilla, inaugurado cuatro veces en tres años, la última hace unas semanas, es un claro ejemplo. Visto el comportamiento generalizado se diría que los dirigentes depositan escasa confianza en la madurez de sus votantes.

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