'Gloria' desnuda a Campanillas

Es urgente que la administración dé respuesta a las peticiones de ayuda de los muchos cientos de damnificados

2012 2016, 2018, 2019 y, ahora, 2020. Los episodios de lluvias torrenciales en la provincia cada vez son más habituales. Los ciclos se acortan en el tiempo y su reiteración es evidente a la vista de las estadísticas que se aprecian desde que comenzara el presente siglo. Sin lugar a dudas por la crisis climática que, a juicio de los expertos, ya resulta una realidad incontestable. Y Málaga, como todo el Mediterráneo, se está convirtiendo en un observatorio privilegiado para que se pueden apreciar el impacto de los distintos fenómenos meteorológicos que la sacuden. Como también es ya común, las trombas, que en esta última ocasión llegaron acompañadas de episodios de granizo y tormenta, al paso de la borrasca Gloria, han servido como desenlace de otro largo periodo de sequía. Hasta estas últimas precipitaciones, los embalses se mantenían con 130 hectómetros cúbicos menos que hace doce meses. Consecuencia de que el último otoño fue el que menos lluvia contabilizó desde que existen registros oficiales. Ahora las lluvias, han aliviado el consumo de los próximos cuatro meses. Con una economía en la que el sector turístico, la construcción y la agricultura son vitales para el desarrollo de Málaga, es necesario conjugar con igual fuerza la demanda de medidas de protección del medio ambiente para atenuar el impacto de los recurrentes episodios que sufre Málaga. La escasez de agua ante una demanda que no para de crecer, las presiones para acometer grandes proyectos urbanísticos millonarios por encima de cualquier otra consideración a medio plazo, debería mover a una seria reflexión más allá de contemplar los beneficios inmediatos que pueden derivarse de cualquier inversión. La borrasca, esta vez, ha desnudado la fragilidad de una barriada de la capital, como la de Campanillas-Maqueta. Casi un millar de damnificados que han sufrido daños en sus viviendas, vehículos o locales comerciales. Es urgente dar respuesta para que la normalidad regrese lo antes posible y se atiendan las solicitudes de compensación. Muchos vecinos de la zona, con razón, se sienten olvidados por las administraciones públicas y denuncian unas infraestructuras deficientes. Tras el balance es necesario averiguar las causas del desbordamiento del río, más allá de las fuertes precipitaciones, y determinar si es posible tomar con carácter urgente alguna medida para que lo sucedido no se repita en lo posible. La realidad es que hay núcleos de población asentados junto a ríos o arroyos que siempre se hallarán en situación de riesgo porque el comportamiento de la naturaleza puede superar cualquier escenario contemplado.

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