EDITORIAL
Año electoral en Andalucía
Una semana después de que los resultados de las elecciones generales crearan un panorama especialmente enrevesado y complejo, se echa en falta una declaración rotunda del principal candidato a poder ser investido, Pedro Sánchez, sobre las líneas rojas que impondrá en sus negociaciones con los separatistas vascos y catalanes. Las urnas han determinado que el vencedor de los comicios, Alberto Núñez Feijóo, carece de posibilidades reales de ganar una votación de investidura y que si se somete a ella lo hará de forma testimonial para evidenciar que no renuncia a su responsabilidad. El actual presidente del Gobierno en funciones, que quedó por detrás del PP en las urnas, sí podrá intentarlo. Para ello tendrá que reconstruir su coalición con Sumar y sus alianzas parlamentarias con los nacionalistas más extremos. Con el agravante de que ahora necesita también el apoyo del partido de Carles Puigdemont. La posible formación de una mayoría depende, pues, de Junts, que ha obtenido siete escaños y que encabeza un prófugo que huyó en el maletero de un coche para sustraerse a la acción de la Justicia tras intentar un golpe contra el orden constitucional. En este contexto, es importante que Pedro Sánchez explicite cuanto antes ante la ciudadanía española que hay límites, como la realización de un referéndum por la independencia o la concesión de una amnistía por los hechos de 2017, que no van a estar nunca en la agenda de un posible acuerdo. El dirigente socialista tiene derecho a explorar cuantas vías estime oportunas si el Rey, en su momento, le hace el encargo de intentar la formación de un Gobierno. Pero para ello es necesario marcar los límites que nunca se van a cruzar.
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